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Zapatero a tus zapatos.

28 diciembre 2017: Día de los Inocentes

Invierno´17 : Zapatero a tus zapatos

     Santana, las doce, en el comedor, junto a la ventana que da a la terraza grande, viendo como el aire despierta de nuevo y se despereza. Los pinos lo siguen asustados, que vaya el día de ayer.

     Hemos bajado al pueblo a encargar la paella para el sábado. Hace un par de años ya nos subieron aquí hasta mesas y sillas para tenerlo todo a punto; luego recogieron lo que sobró, menos unas botellas que guardó Miguel, y se fueron como vinieron. Creo que se llama “Cátering” a esta forma de servir, que es como venir a tu casa el restaurante. “Queremos comer cuarenta personas en Santana”, les dices. Y ellos se encargan del resto.

-Antes ibas al restaurante y comías; con el sistema “Cátering” te traen la comida a casa. Lo mismo que el cuidador de los olivos. Ha venido a felicitarnos las Pascuas y el Año nuevo.
     
-¿En qué se parece el “cátering” que sirve la comida a domicilio, con el que cuida los olivos, Braulio?
     
-Antes el dueño de los olivos compraba abonos y los regaba para que no se quedaran en “acebuches” o aceitunas silvestres. Luego llamó a un agricultor y le dijo: “Cuide usted mis olivos”. Y así lo hicieron. El hombre contratado, entendido en labores del campo, sabía mejor lo que pedía la tierra en cada momento y el árbol en cada estación, y se ocupaba de regar y de cuidar los árboles con sus productos necesarios. Todo con vistas a que la cosecha fuera óptima. Veo que el parecido es grande.

    -Sí, sí, claro, “zapatero a tus zapatos”. ¿Quién mejor que el agricultor para cuidar del campo? Yo tuve manzanos y cogía manzanas verdes o me las quitaban. El comprador me lo dijo un año: “¡Zapatero a tus zapatos!”. Me dio una lección que me ha servido para el resto de mi vida. Hay que repartir los trabajos y no acapararlos cuando otros los necesitan. Con uno va bien y a cuidarlo como si fuera un hijo.
    
 -De niño, mi amigo se cayó y se rompió un brazo. Su madre lo llevó a un carnicero llamado Turpín, que tenía fama de curar estos males. Le vendó el brazo con tablillas tan fuerte que a los pocos días se le hinchó y puso morado. Entonces lo llevó a un médico y este, conocido el caso,, le dijo a la mujer: “Señora, a mí cuando se me rompen los zapatos los llevo a un zapatero”. ¿Para qué decirle más?

                                             Francisco Tomás Ortuño 


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