9 febrero 2018 : San Miguel Febres
Pensamiento: “Niños que juegan: fuegos artificiales”. F.T.O.
Invierno´18 : Túnez
Murcia, las doce menos cuarto, en mi mesa redonda junto al piano. Solo en casa. Cuando supe que era tunecino sentí curiosidad por conocerlo. Y es que yo hablaba de inmigrantes por los nombres genéricos de negros, magrebíes o latinoamericanos, fueran unos de Sudán, de Etiopía o de Mozambique; fueran otros libios, marroquíes o argelinos; o fueran los últimos colombianos, ecuatorianos o chilenos. Para mí, de forma general, todos eran de los unos o de los otros: o negros, o magrebíes o latinoamericanos.
¡Cómo se reirían ellos cuando comentaran nuestro despiste! “Mauritania no existe para los españoles”, dirían por carta a familiares o amigos de su país. Como los negros cuando hablaran con otros compatriotas: “En España no cuenta ser de Tanzania, de Gabón, de Kenia o de Angola; a todos nos llaman africanos. ¿Y los americanos uruguayos, venezolanos o argentinos? Lo mismo. “¿Tan iguales somos que no nos distinguen?”, dirán a sus mujeres.
Por las calles de todas las grandes ciudades, se veían oleadas de extranjeros que venían a trabajar huyendo de la penuria de su país. Pueblos como Jumilla se duplicaron en población con la llegada masiva de ecuatorianos. Lo mismo Torre Pacheco que ofrecía trabajo con la recogida de la fruta.
Los supermercados cobraron vida con los inmigrantes, que gastaban como no recordaban en sus tierras de origen. Los unos llamaban a otros con promesas de una vida próspera y rica: “Aquí se atan los perros con longanizas”. Y estos intentaban llegar como los israelitas a la tierra prometida aunque les fuera la vida en el intento o fueran engañados.
Cuando mi amigo me dijo que había contratado a un tunecino para todo el verano, quise conocerlo. Un día comimos juntos y hablamos porque conocía el español casi tan bien como la lengua de Mahoma. Me dijo que en España se sabe muy poco de Túnez con estar tan cerca los dos países.
Se habla de Marruecos, de Argelia o de Egipto pero se ignora a Túnez. “¿Ha preguntado a alguien por Túnez que le haya dado una explicación exhaustiva de su extensión, población y monumentos? Y está ahí, tan próximo como Francia y más cerca que Roma, a dos pasos de Sicilia.
Me dijo que Túnez, la capital, se halla en la bahía que lleva su nombre, que tiene casi un millón de habitantes, que conserva su sabor tradicional, que tiene Universidad, que es floreciente su industria textil, así como su industria del calzado y que están próximas las minas de Cartago. Quedé encantado de conocer al tunecino, de ojos penetrantes y piel oscura, amable y reservado para los que no conoce.
Cuando nos despedimos dijo: “España es bonita, pero los españoles no saben apreciar lo que tienen. Su país es un sueño para los que no somos de aquí y una pesadilla para los que son españoles”. Salí de la casa pensando en las palabras del tunecino.
Francisco Tomás Ortuño
Adivinanza
Con mi cara encarnada, –mi ojo negro, –y mi vestido verde, -el campo alegro.
La solución, mañana. Ayer: la lechuga.
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