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La tienda de huesos.

13 febrero 2018 : San Martiniano
Pensamiento: Siembra, sembrador, que la tierra hará germinar la semilla. F.T.O.                               

     Invierno´18  CUENTO: La tienda de huesos.
     Murcia, martes, la una y cuarto. En la piscina esta mañana pensé contarte una venta inusitada que me vino a la cabeza. Como era Martes de Carnaval, iban algunos compañeros y compañeras disfrazados, que parecían de otro planeta.
     ¿Qué me produjo el pensamiento? No sé, pero algo relacionado con los disfraces tuvo que ser. El cerebro es misterioso, como un calidoscopio, y te sorprende con cualquier cosa:

-CUENTO: La compra de huesos se puso de moda.
-¿Has dicho de huesos?
-Sí, huesos, has oído bien. Como zapatos, camisas o pantalones.
-Zapatos me lo explico, pero huesos…
-Se te rompen los zapatos y te compras unos nuevos; pues se te rompe una tibia y te compras otra. Y quien dice una tibia dice un cúbito, un fémur o una vértebra lumbar.
-Ya, ya, y en la tienda de huesos eliges el que necesitas, la talla, la calidad…
-Claro, hay de todas las tallas y clases. Si mides uno setenta de altura pedirás el hueso de esa talla, no vas a pedir de talla más grande o más pequeña.
-Claro, claro; fíjate, antes no había tiendas de huesos y se te rompía un parietal y tenías que ir sin parietal el resto de tu vida.
-O sin occipital, o sin rótula, o sin peroné. Algo así como la vista: que no veías, pues no veías; y ahora te compras otros ojos y a ver de nuevo; o un hígado o un páncreas. Es la ciencia que adelanta que es un primor.
-Pero un cerebro… si cambias de cerebro pensarás de otro modo, ya no serás el de antes.
-Si quieres ser tú mismo, no cambies de cerebro, pero puedes escoger entre ser retrasado mental, superdotado o ser un genio, entre ser tímido, miedoso y pusilánime o ser valiente y temerario. Cada uno tiene su precio, eso sí. Lo pagas y a vivir que son dos días como lo mande tu nuevo cerebro.
-¿Y podría ser escritor y poeta?
-O ser investigador o con piel para quitarse años, o un cerebro para pensar mejor…
-¿Pues sabes una cosa? Que yo quiero ser yo hasta que muera de viejo. De huesos bien que lo veo, pero de cerebro me quedo con el que tengo.
-A gusto del consumidor, que para eso vivimos en democracia. La tienda de cerebros no vende mucho, esa es la verdad; desde que le dieron a un cliente equivocadamente  un cerebro de cerdo y no hacía más que gruñir, pocos se atrevieron luego.

Continuará.

Adivinanza
Una viejita –titiritaña, -que sube y baja –por la montaña.
La solución, mañana. Ayer: la berenjena. 

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