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La tienda de huesos: Cuento, continuación.

14 febrero 2018 : Miércoles de Ceniza, San Valentín
Pensamiento: El alma del niño es una esponja. F.T.O.

Invierno´18 : La tienda de huesos: Cuento, continuación
     Murcia, miércoles, las doce menos cuarto, en mi estudio del piano.
     -Sigue con tu Cuento de ventas anodinas, Venancio, por favor, que me tienes intrigado.
     -Ventas que redujeron escandalosamente el número de médicos. “¿Qué vas a estudiar, Clotilde?”, preguntaban. ”Menos Medicina, lo que sea: desde que existen esas tiendas que venden piezas del cuerpo, nadie va a los médicos; igual compran falanges que riñones; ¿quién va a ir al médico a decirle que le duele el estómago? Va a la tienda corporal y se compra un buche joven y potente”.
     -Sí, sí, pero sigue con el Cuento, Venancio.
     Continuación:
     Como las tiendas de huesos estaban de moda, ya no hubo tipos bajos. El que más y el que menos, si tenía que cambiar una pieza, la pedía grande. Sobre todo si eran tibias, peronés, fémures, cúbitos o radios. Los bajos se fueron esfumando.
Hasta sin roturas previas, iban a la tienda y se compraban un juego grande, cinco o seis tallas mayores que las suyas. “Ya está bien de medir uno con cincuenta; desde hoy, uno con noventa”. Y quedaban transformados. No se lo creían ni ellos mismos.
“Parece que soy otro”, se decían; “me miran de otra forma los demás; y hasta yo mismo tengo más confianza y seguridad”. Y era así: cuando fueron más altos se dieron cuenta de que la altura en unos centímetros influía en la consideración y el trato que recibían de los demás.
Que era muy bajo, ni lo miraban; que era bajo solo, se dignaban dirigirle la palabra; que era alto, hasta le hablaban de usted. Fue un descubrimiento baladí, insignificante, pueril si quieres, pero el hecho era cierto. Los amigos y familiares fueron los primeros en sorprenderse.
“¡Qué cambiado estás, Cirilo!”. “No te había conocido, Hermógenes”. “Pero, ¿eres tú, Desiderio?”. Y lo que al principio llamaba la atención y era objeto de comentario o de broma, se generalizó de tal forma que pronto nadie se sorprendía de encontrarse con el amigo de uno setenta con dos metros de altura.
Se cuenta que inmigrantes latinoamericanos, peruanos sobre todo, que vinieron en busca de trabajo y llenaban pueblos y ciudades, bajitos ellos como raza poco desarrollada en su país durante siglos, empezaron a frecuentar estas tiendas.
Y de la noche a la mañana, se transformaron en altos con rostro indio de los incas, que ni Dios los conocía. Y los “ponys”, como los llamaban despectivamente por su escasa talla a los procedentes de Quito, Guayaquil, Machala y demás tierras andinas, no se conformaron con ser menos que los españoles y fueron cogiendo altura como cowboys o chicarrones del farwest de los Estados Unidos.
Continuará.
Adivinanza
Figura redonda, -cuerpo colorado, -tripas de hueso –y zancos de palo.
La solución,mañana.Ayer:hormiga       

                                                                                       
Francisco Tomás Ortuño

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