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Cuento.

18 enero 18 : Jueves, Luna creciente, Santa Beatriz

Invierno´18 : Cuento

     ¡Te alcancé, soberbio dieciocho! ¿Qué te pensabas, que siempre estaría por debajo? Tú, año; yo, día, hoy iguales y mañana te habré sobrepasado. No te fíes de los chicos, que si son constantes y perseverantes, pueden llegar muy lejos.

     Murcia, las diez, con el piano de compañero. Mejor compañía no puedo tener: habla si lo tocan; permanece callado si no se meten con él. No es como otros que bla, bla, bla, aunque no quieras.

     Voy a seguir con el Cuento que llevo entre manos de “Obsesiones”. Este Cuento lo escribí cuando iba a la piscina del Mar Menor. Estoy seguro por razones que no vienen al caso. Y lo perdí. Cuando algo se busca, parece que cobra un valor añadido.

Lo busqué por libros y cajones y no lo encontraba. Luego, cuando no pensaba en él, apareció. Entre abrazos y besos, como al hijo pródigo su padre, aunque otros lo rechacen, te lo quise presentar. Y en eso estoy:

Continuación:

     Onofre tardó en reaccionar y darse cuenta de lo que estaba pasando. “Te oigo, Emilio, y no tengo aparato alguno que pueda recoger tu voz, gritó; es puramente mi cerebro. ¿Cómo es esto? Somos los primeros en hablar así. Ni ondas ni gaitas, es el misterio hecho carne, Emilio. Todo lo anterior preparaba lo nuestro, ¿te das cuenta?, respondió turbado Onofre. No sé si es para morirse del susto o para felicitarnos por ser los descubridores del invento.

¿Y cómo antes no se hablaba con el pensamiento y ahora sí? ¿Por qué hemos sido nosotros, precisamente nosotros ahora, Emilio,  los que hemos hablado primero? En los libros nos estudiarán los niños en el futuro.

-¿Sabes por qué, Onofre? Pienso que todo lleva su marcha, todo evoluciona, y hasta que no es su momento no surge, no aparece. ¿No ves como los niños no nacen hasta los nueve meses de ser engendrados en el vientre de su madre?, ¿no andan hasta los once meses, ni leen hasta los seis años? Todo evoluciona a nivel particular y a nivel general, Ontogenia y Filogenia, Onofre. Hasta lo más pequeño, hasta lo más insignificante. Un cabello de la cabeza, una planta, todo.

¿Cuándo se inventó el fuego? Cuando fue su momento en la historia de la humanidad de que fuera inventado. ¿Y el motor? ¿Y los aviones? Es la génesis de la vida, lenta pero precisa, que va trayendo lo que corresponde. Y si nació el teléfono, la radio y la televisión, el ordenador y el internet, el móvil y el abridor de puertas a distancia es porque era su tiempo. Y si ahora nosotros hablamos los primeros de pensamiento a pensamiento, sin abrir la boca, ni escribir, ni tocar teclas, es porque ha llegado su hora.

-Será eso, como dices, y a nosotros nos cabrá el honor de figurar como sus inventores o descubridores. ¡Qué importantes seremos desde ahora sin haber descubierto nada. Porque, no me digas, Onofre, lo que es descubrir nosotros no hemos descubierto el invento, que nos ha llegado sin saber cómo.

     -Como todo en esta vida, Emilio, pero no lo diremos.


                                             Francisco Tomás Ortuño 

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