22 enero 2018 : San Vicente
Invierno´18 : Misoginia
Murcia, las seis de la tarde, en el comedor. Gregorio, sin rubor, se declaró misógino. “¿Por qué lo voy a negar?”, dijo. Y siguió: “La Naturaleza está por encima de nosotros: rebelarnos es absurdo. ¿No hay personas altas y bajas, rubias y morenas, gruesas y delgadas?, ¿por qué no ser misógino, si has nacido así?
Y luego: “Lo descubrí cuando fue su hora, cuando los amigos iban detrás de las chicas porque el instinto o llamada del sexo los impulsaba a la unión, cuando era adolescente y había dejado los juegos de la infancia, cuando suele sentirse la punzada del amor. Me di cuenta de que a mí las mujeres me eran indiferentes.
Era aversión lo que sentía hacia ellas. Cuando los demás gozaban buscándolas, yo disfrutaba evitándolas. Y me acepté así: “Soy misógino”. ¿Sufrir? No sufrí porque me acepté como era. Quizás hubiera sufrido rebelándome, como el que nace bajo y llora su desdicha, o como el que nace zurdo y maldice su suerte.
Alguien que escuchaba comentó: “Peor fue el Caso de Blas, que llevó a tal extremo la ocultación de su misoginia que vivió toda su vida representando un papel de teatro sin autenticidad. Se casó y tuvo hijos, pero fue como una flor de trapo, como fruto sin dulzor, disimulando siempre: ni fue feliz él ni pudo hacer feliz a su pareja.
Yo, que escuchaba, me declaré misoneísta.
-¿Y qué es el misoneísmo?, preguntó alguien.
-Aversión a las novedades –le contesté-. Me pueden los aparatos que en tromba surgen todos los días. Son de otro mundo, de otro tiempo, de otra generación. Yo me declaro misoneísta.
ADIVINANZA
-Blanco fue mi nacimiento, -colorada mi niñez, -y ahora que voy para vieja, -soy más negra cada vez. (La solución mañana)
Francisco Tomás Ortuño
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