24 enero 2018 : San Bábilas
En Antioquía de Siria, actualmente en Turquía, Bábilas, obispo, acabó su vida cargado de cadenas durante la persecución del emperador Decio. Con él padecieron el martirio tres jóvenes a los que él había instruido en la fe.
Invierno´18 : Fábula
Murcia, las once y veinte, en mi estudio del piano. Vengo de llevar a mamá a Moratalla, por la catedral. Luego viene del brazo con alguna amiga o compañera.
-¿De qué vas a hablarnos hoy, Evaristo? No te metas con el tiempo ni con los santos del día, que eso ya lo sabemos.
-Os contaré una fábula que pueda hacer pensar. En las fábulas, como sabes, hay animales y tienen su moraleja:
Érase un hombre joven, en edad de casarse y de formar una familia. Entre las mozas del pueblo, eligió a Ramira, y se casaron. Para colmo de su dicha, tuvieron un hijo y una hija. “¡Dulce hogar”, pensaron ellos.
Todo discurría a pedir de boca, hasta que un día Ramira recibió a Damián, que así se llamaba él, con un cerdito en sus brazos. “¡Qué monada de cerdito!”, pensó él. Lo acarició en la trompa y el animal gruñó feliz.
Ramira celebró que su marido viera bien a la mascota que había llevado a casa. Pero a los pocos días, cuando Damián volvió de trabajar y vio de nuevo a su mujer con el cerdito en sus brazos llenándolo de caricias y sin haber preparado la comida ni ordenado la casa como solía hacer antes, ya fue otra cosa.
Por primera vez en su vida matrimonial, se enfadó: “Bien está que hayas comprado un animal, si te hace compañía en mi ausencia, pero que por él no atiendas los deberes domésticos, no me hace gracia”. Ella aceptó la regañina sin soltar prenda y, como un desafío, dijo sonriendo: “O lo tomas o lo dejas, el cerdito no se va de la casa”.
El animal fue adquiriendo proporciones desmesuradas en el hogar. Se convirtió en la pesadilla del hombre, que no veía la forma de quitárselo de encima. Pronto Damián supo que su mujer contribuía con fuertes sumas de dinero a una Asociación que llamaban “Protectora de Animales”.
Y supo que igual que su mujer, había otras con animales en sus casas como mascotas. No era él solo con su dichoso cerdito; eran muchos los hogares que sufrían del mismo mal. Y mucho el dinero que se mandaba a no se sabía dónde, a no se sabía quién.
Y se enteró de que esta Asociación montaba Cursos muy bien pagados, para hablar de la gran labor que llevaba a cabo en otras latitudes la APA y de que todo el dinero que se recaudaba era poco.
De que no cedieran a la oposición social ni familiar, ya que eran unos incomprendidos; y, sobre todo, de que se reunieran para animarse y contarse sus logros y dificultades en su particular guerra animalística.
Continuará
ADIVINANZA
Animal soy, desde luego, -me llaman el jorobado, -y que tengo cuatro patas –ya se da por descontado.
La solución mañana; -Ayer: Mora-.
Francisco Tomás Ortuño
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