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Cuento: "Obsesiones".

18 enero 2018 : Jueves, Santa Beatriz

Invierno´18 : Cuento

     Murcia, las once y media y el piano detrás con la boca cerrada; dentro de poco lo abrirán para tocarlo.

     -¿Quién lo abrirá?

     -Mis nietos, ¿quién va a ser? Han llamado que vienen a vernos.

     -¿No te alegras?

     -Sí, claro. ¿cómo no me voy a alegrar? Los hijos, como los nietos, son tu misma sangre: después se van mezclando con otras familias y terminan por ser otros.

     -Es que más allá de nietos, quedan pocos, Julián.

     -Es verdad; que la vida está bien hecha hasta en su duración: más de cien años ¿para qué?

     -Si te fijas, somos de una generación los que vivimos en una centuria. El resto es de otra que vivió o vivirá con la suya sus propios problemas.

     -Bueno, acaba el Cuento de “Obsesiones” que venías contando.

     -Prosigamos, pues.


Continuación:

     -En cierto modo sí; ¿no nos preocupábamos por el móvil y otros artilugios que lo han preparado?  ¿Qué te piensas que hacen otros? Topar cuando menos se lo piensan. Están preocupados por algo, siguen preocupados y ¡zas! se dan de bruces con lo que buscaban.

     -Eres un sabio.

     -Ese hecho, ¿quién sabe?, como te ocurre a ti, ha sido la causa más segura de encontrar los primeros la comunicación intercerebral que hemos encontrado. Mañana serán otros y pasado más, pero la gloria de ser los primeros no habrá quien nos la quite.

     La comunicación de mente a mente se generalizó. Como vieran Onofre y Emilio, después del parto era imparable su marcha. Cualquier otro tipo de correspondencia quedó obsoleto y olvidado. ¿Quién recordaba las relaciones epistolares, telefónicas o por internet que antes usaban?

Desde que fue posible hacerlo de mente a mente, este modo de trato desbancó a los demás. Pensaban en una persona, próxima o lejana, y ya había conexión. “¡Hola, Ramón!, ¿dónde nos vemos?”. Y Ramón le contestaba sin abrir la boca: “Esta tarde a las ocho en la puerta del Teatro Vico”.

-Sigo preocupado, como antes, Onofre –dijo don Emilio un día. ¿Tú recuerdas cuando viniste a mi consulta y hablamos de los móviles, de los faxes y abridores de puertas sin llaves? ¿Te acuerdas?

-Sí que me acuerdo, Emilio, ¡cuántas cosas han pasado después!

Y aquí lo dejo, que llaman a la puerta. Mañana más.


                                      Francisco Tomás Ortuño

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