22 octubre 2017 : San Donato, domingo, 295-70
Otoño´17 : Supersticiones
Como sabes, cuando éramos niños jugábamos a ver quién lanzaba más lejos una piedra. Como mucho, treinta o cuarenta metros. Luego se quedó la expresión “a tiro de piedra” para decir que algo está cerca: “El Mercado lo tengo a tiro de piedra de mi casa”.
-Hoy hablaremos de supersticiones, Benito, ¿te parece?
-Me parece, Gregorio.
-Tu nombre me recuerda a mi Escuela, cuando el Maestro nos dictaba: “A Benita le han pinchado en una venita del brazo”.
-¿Y qué tiene que ver Benita con las supersticiones?
-Nada, Benito, perdona el inciso:
-Hay personas supersticiosas y las hay que les da lo mismo trece que quince, derramar sal que azúcar, pasar por debajo de una escalera que por fuera de ella. Tuvo que haber un primero que marcara la diferencia por algún suceso triste y desgraciado; y a partir de entonces se dijera: “Así no, que trae mala suerte”.
Se ha dicho que lo del trece y la mala fortuna procede de que Jesús cenó con los doce apóstoles y eran trece a la mesa, y después lo que le vino encima. Pero esto no es así, puesto que mucho antes, siglos, ya se nombraba como perverso este número. Lo cierto es que mucha gente lo esquiva como si fuera el mismo demonio, y los hoteles no tienen habitaciones con ese número, ni los barcos camarotes.
Con el martes ocurre otro tanto: “En martes ni te cases ni te embarques”. Y las novias dicen: “Cuando quieras, Veremundo, siempre que no sea en martes”. Lo del martes debe tener poco fundamento, ya que cerca de nosotros los hay que evitan los viernes.
¿Y pasar por debajo de una escalera? ¿Y derramar sal? ¿Y salir de casa con el pie izquierdo? Denota falta de juicio. A otros les da por otra chifladura como acostarse con un gato. La gente es así, Benito. A Benita…”.
Francisco Tomás Ortuño
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