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Casamiento y mortaja...

17 octubre 2017 : San Ignacio de Antioquía
Otoño´17 : Mercados   A mi sobrino don Francisco Tomás Lozano en su “cumple”.


     Murcia, las once y media, en la mesa redonda de la habitación del piano. Vengo del Mercado de Verónicas. ¿Quién me iba a decir a mí que iría al mercado a comprar peras y manzanas? Y ha sido así. Los tiempos cambian y nosotros también. Cuando yo era niño, en tiempos de mis abuelos y de mis padres, la compra era cosa de mujeres, como lavar la ropa o fregar los platos.
     Lo que se perdían los hombres. A mí me encanta ir al Mercado y comprar de los puestos lo que me apetece. Y veo que otros hombres  hacen lo mismo. Los tiempos son otros y las costumbres también.
     Cuando he venido de Inacua –hoy, como martes, tocaba baño- he visto una nota encima de la mesa del comedor, que decía: “Papá, un kilo de peras y un kilo de manzanas”. Era suficiente. Debía ir a la Plaza a comprar lo que decía la nota.
     Y ya en la Plaza, ¿quién no mercaba con las peras y las manzanas, un buen racimo de uvas? ¿Y cómo dejaba una caja de caquis que se ofrecían apetitosos a la vista? ¿O una rama de plátanos, a los que somos tan aficionados en esta casa?
     En sendas bolsas he cargado la compra y me decidía a coger el ascensor cuando me he tropezado con María, la esposa de Juan, buen amigo y compañero. “¡Hola!, ¿qué tal?”, nos hemos saludado. “Juan va con andaderas”, me ha dicho. “El tiempo no perdona”, he pensado yo. Juan era mayor que yo cuando nos conocimos y sigue siendo mayor que yo ahora. Vamos en el mismo tren.
     Y en la conversación, entre bromas y veras, me dice que su David, ingeniero y soltero empedernido, podía casarse con mi hija Lina, soltera también. Me sorprende la propuesta. Le digo que esa decisión no es nuestra, que “casamiento y mortaja del cielo bajan”.
     Ahora que escribo los recuerdos anteriores, añado: “¡Qué ocurrencias tiene María! ¿Quién sabe?, ¿quién sabe lo que nos guarda el Señor?”.
     En aquel tiempo dijo Jesús: “Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo y pasáis por alto el amor de Dios. Esto es lo que teníais que practicar, sin descuidar aquello. Ay de vosotros, fariseos”. Y le replicó uno: “Maestro, nos estás ofendiendo”. Y dijo Jesús: “Ay de vosotros también, Maestros de la Ley: El Señor manda que digáis sí, sí y no, no: lo que pasa de ahí viene del Maligno”.

                                            Francisco Tomás Ortuño

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