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Otra Constitución.

8 octubre 2017 : Santa Susana de Blois
Otoño´17 : Otra Constitución
     Murcia, las diez, en mi camarín. Y va de Cuento:
     Los hombres estaban asustados. No sabían cómo librarse de los castigos que les mandaba el cielo. “¿Por qué, Señor, por qué?”. se preguntaban. Terremotos, sifones, fuegos, lluvias torrenciales…
     Hasta que Dios un día, viendo que pagaban justos por pecadores, reunió a su Plana Mayor y les habló serio: “Queridos Santos de mi Corte celestial, observo con preocupación que vuestra antigua Tierra está desasistida; o dicho de otro modo, anda manga por hombro: igual le pegáis al que se porta bien que premiáis al malo: no sois justos. ¿No veis que hay naciones que se privan de lo más indispensable, hasta del agua para beber, y otras nadan en la abundancia? ¿No veis a esos niños de mirada tierna que no tienen qué comer ni beber? ¿Por qué cuidáis tan mal del rebaño?
     Y tras esta reprimenda, cuando quedaron solos, los Santos reconocieron su descuido y pensaron hacer, como habían visto en las naciones más civilizadas, una Constitución para aplicar en el Planeta, su antigua morada y residencia de siete mil millones de seres humanos repartidos por todas las latitudes.
     Pasaron meses discutiendo los varones santos, hasta que acabaron con la Ley que aplicarían en adelante:
     Artículo uno: Acabar con terremotos, fuegos y demás calamidades no debidas al hombre.
     Artículo dos:   Mandar lluvias a su debido tiempo a todas las naciones del mundo.
     Artículo tres:  Producir en abundancia en todos los rincones del planeta para que el hombre no pase hambre ni sed.
     Artículo cuatro: Avisar con tiempo a los hombres, por medio de sus ángeles custodios, de posibles atentados, homicidios o accidentes peligrosos.
     Artículo cinco: Favorecer a quien se lo merezca y castigar a los que quieran vivir como parásitos, del trabajo de los demás.
     Cuando Celedonio –portavoz del grupo- se presentó ante Dios y le dijo lo que habían hecho, el Señor lo miró sonriendo, paternalmente, como sabiendo lo que traía, y lo animó a llevar a cabo su obra. Cuando lo despidió, Celedonio escuchó que dijo: “Nada satisface el corazón del hombre; pronto habrá alterado lo que le dan para tener con qué seguir luchando”. Celedonio salió algo turbado de su presencia.
                                           Francisco Tomás Ortuño

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