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Psiquiatras.

21 octubre 2017 : Sábado, Santa Úrsula
Otoño´17: Psiquiatras   A mi amigo don Jesús Pérez Galera


     Santana de Jumilla, las nueve, día veraniego -¿es que no hay otoño este año?, ¿se lo achacamos a Rajoy?-.
     Pienso que de las enfermedades, las más difíciles de detectar son las que proceden de la cabeza; las más sutiles, las más escondidas. Si uno se rompe un hueso, se ve enseguida de donde parte el mal: duele la pierna, se ha caído, luego el traumatólogo lo tiene fácil; radiografía y diagnóstico: rotura de peroné. Fumas mucho, toses, no respiras bien, el médico lo ausculta y dice: “Sus pulmones necesitan más oxígeno”. Le manda no fumar y unas vacaciones al campo. Que no ve ni a tres montados en un burro, el oftalmólogo le revisa la vista y le manda gafas graduadas. Si le duele la tripa, una infusión y a correr.
     Pero, ah, si es la cabeza. Si tienes un amigo que de pronto deja de saludarte, si alguien habla solo por la calle, si la mujer  grita sin venir a cuento, si el vecino llora porque no quiere seguir viviendo, si la vecina afirma que un ovni la llevó a otro planeta, si mengano afirma que es Dios… ¿para qué seguir? Los psiquiatras conocerán más casos de lo mismo, y todos de un mal funcionamiento de la cabeza. Casos provenientes del cerebro. De una falta de, de una sobra de, o de un cruce de cables: creerse poco,  valorarse mucho, de un miedo, de un olvido o de una confusión.
     Pienso que el psiquiatra es el médico más proclive a no saber lo que tiene el paciente que va a su consulta. ¿Le cuenta la verdad de lo que tiene? ¿Es verdad cuanto le dice? ¿Son todos los que van o no van todos los que son? ¡Qué difícil conocer los motivos de nuestro obrar particular! El amigo que deja de saludar no va a decírselo al médico. El amigo que no es saludado, por supuesto que tampoco va al médico a contárselo. Son locos sueltos que van por la calle como personas sanas. Como duermen bien, comen mejor y no les duele nada, pasan por sanos y el médico no se entera.
     ¿Quiénes se enteran? Los que viven con él, los que le tratan a diario.  Estos próximos o prójimos observan que obra de una forma anormal, pero se callan. Y así van estos enfermos mentales por el mundo sin que nadie los atienda. ¿Quién no tiene un tipo de enfermedad nerviosa que lo hace sumarse a la gran mayoría de enfermos que andan sueltos por las calles de todos los pueblos del planeta? Yo te lo advierto: cuando hables con alguien, desconfía. Cuando alguien te aborde en la calle, desconfía. Cuando tu pareja se enfade sin motivos, desconfía. Mejor, no tomes al pie de la letra sus palabras: no te ofendas con lo que diga.
                                             Francisco Tomás Ortuño

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