7 octubre 2017 : Ntra. Sra. la Virgen del Rosario y “Cumple” de mi nieta Raquel: Felicidades… y que cumplas muchos más.
Otoño´17 : “Platero”
Murcia, en mi rincón, las once y media; mañana oscura, sin sol, aunque no llueve. La gente circula por la calle. Lina y yo estuvimos en la Vega a que me hicieran la Analítica que me pide el endocrino cada tres o cuatro meses. Iré a verlo el lunes.
Me hace gracia don José Ramón: ve el análisis que le llevo, lo ojea despacio y dice: “Bien, Francisco, sigamos igual”. Quiere decir que me ponga las mismas unidades de insulina que me mandó hace unos años.
Creo que lleva bien controlada mi azúcar, y un buen médico aporta tranquilidad al enfermo. Forma parte de su curación. Mi diabetes es de Tipo B, que se adquiere sobre la marcha. Los de Tipo A nacen con ella.
Para mí que he vivido siempre con esta disfunción a cuestas. Cuando tenía veinte años, tuve que hacerme otro análisis y el médico me advirtió: “No tomes azúcar con el café, que la tienes alta”. No debí de tomar en serio su admonición o consejo porque lo olvidé al salir de la consulta.
Hasta que un día, cuando contaba ya más de setenta años, fui con mi mujer a una consulta médica en Murcia. Como la enfermera le pinchó en un dedo para conocer su azúcar en sangre, le dije si me lo hacía a mí por no estar parados.
Así lo hizo y el doctor me dijo: “Su mujer, bien; pero usted debe tomar unas pastillas”. Y desde entonces sigo con mi diabetes, que no me suelta, aunque no me da trabajo ni me preocupa. ¿No comemos todos los días? Pues lo mismo: el cuerpo pide una atención que antes no le prestaba.
Hablemos de otra cosa, Crispiniano. ¿Qué llevas en danza en tus lecturas?
-Ayer saqué de su anaquel un libro gordo que compré hace años; “Obras selectas de Juan Ramón Jiménez”. Es un libro de más de mil páginas -1144 exactamente-. ¡Cuántas horas pasaría el poeta de Moguer escribiendo lo que recoge este libro! Me acuerdo que uno de mis hijos un día me dijo lo mismo a mí. ¿Pensaría Juan Ramón si me oyera lo que yo sentí con la pregunta de mi hijo?: ¡Cuántas horas me concedió el Señor para estar distraído escribiendo!
Aquí van “Platero y yo” –de la página 243 a la 308-; pero también: “Diario de un poeta recién casado” o “La Corneja”, de donde copio; “7. Llueve; el suelo se rompe y se llena de colores, de espejos, de imágenes. Es como un blando rompimiento silencioso de cristales. La calle se ha complicado. Las piedras tienen frondas, cielos infinitos”.
¿Yo qué destacaría de mis escritos sin fin? ¿Y Juan Ramón? Si me oyera diría sonriendo: “A todos los quiero igual”. Y quizás siguiera: “Cualquiera piensa que en mi larga vida -77 años- solo escribí mi “Platero” y no sabe que además tengo “Baladas para después”, “Paisajes líricos”, “Diálogo entre el almendro en flor y la mariposa”, “Olvidos de Granada”, “Cuentos largos”, “El desnudo infinito”, “Dios deseado y deseante” y mil cosas más.
-Cumpliste bien don Juan Ramón: te fuiste de este mundo con las alforjas repletas.
Francisco Tomás Ortuño
Comentarios
Publicar un comentario