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Padre, Hijo y Espíritu Santo.

10 octubre 2017 : Santo Tomás de Villanueva

Otoño´17 : Padre, Hijo y Espíritu Santo

     Murcia, las once y media, donde ayer. Hoy votan los catalanes si se hacen independientes del resto de la Nación.
     -No espero que llegue la sangre al río, Edmundo. Esto me da pie para escribir un coloquio imaginario en el Cielo:

     -Padre: Con la ilusión que puse cuando los traje al mundo.  ¿Qué pude hacer mal?
     -Hijo: La verdad es que no sé para qué sufrí azotes y derramé mi sangre en la Cruz.
     -Espíritu Santo: Cada vez se quieren menos estos cretinos.
     -P.: ¿Dónde está el error? ¿Por qué pudiendo hacer el bien obran el mal?
     -H.: No aprendiste con los ángeles; ¿acaso no los hubo rebeldes, sublevados e insumisos?
     -E.S.: Y los sigue habiendo, Jesús: no pueden verse tampoco. Yo trato de apaciguarlos: “Que sois hermanos, amaos los unos a los otros”. Y si pueden se devoran. Hay legión de ángeles que solo buscan hacer mal.
     -H.: Yo creo que esos malditos tienen la culpa de que los hombres no puedan verse.
     -P.: ¿No les di inteligencia? ¿Tengo yo la culpa de que no sepan usarla? ¿Por qué obedecen más al diablo que a mí?
     -H.: La bondad, por lo visto, tiene pocos alicientes para el hombre. El Demonio ofrece el pecado y eso les gusta más.
     -E.S.: Con lo felices que serían amándose, ¿qué les dirá Satanás para engañarlos de ese modo?
     -P.: Si llego a saber que iban a obrar así me lo hubiera pensado mejor.
     -H.: ¿Qué pasó con los ángeles?  Que muchos maldijeron haber venido al mundo. A ti te podía parecer bien, pero no pensaste en lo que ellos querían. Y luego, ¿qué les dirías para ponerlos hechos una furia?     
     -P.: Les hablé del hombre. ¿Quién iba a pensar que se revolverían como lo hicieron? Ni yo que los creé los conocía. ¡Qué miradas! ¡Qué ojos de espanto!
     -E.S.: Como le diste libertad, como a los ángeles, atente a las consecuencias.
     -P.: Pero también recibieron inteligencia.
     -E.S-: Poco desarrollada, todo hay que decirlo.
     -P.: Madurable con el tiempo.
     -H.: Fue Satán, estoy seguro, el jefe de los inconformistas, el que pensó cómo ganárselo.
     -E.S.: Y bien que lo consiguió; que si antes eran buenos, después solo buscaron molestar al vecino.
     -H.: ¿Molestar? ¡Qué palabra tan suave! Querrás decir  liquidar. Eufemismos.
     -P.: No discutáis vosotros, todos sabemos cómo es esta criatura “irracional”.
     -H.: Nunca mejor dicho, que piensa menos que un chorlito.
     -E.S.: No te metas con los chorlitos, que saben hacerse los heridos arrastrando un ala para salvar su vida ante sus depredadores.
     -H.: Decía que el hombre piensa poco y casi siempre mal. Solo quiere hacer daño y de su creador ni se acuerda. No me digas otra vez que me haga hombre, que lo pasé muy mal. Piensa otra cosa. De otra Redención nada de nada que después de tanto sufrimiento todo sigue lo mismo. Tú le dices lo que quieras o escondes una temporada al que lo engaña. ¿Quién sabe? A lo mejor así se volvía sumiso y sensato.
     -E.S.: ¿Por qué no pruebas, Padre? Sin el Demonio a lo mejor se amaban los humanos.
     -P.: Los hice así y así seguirán. En su pecado llevan la penitencia, que es la infelicidad arrastrando en su corta vida.
     -H.: Como tú quieras, pero de nuevas redenciones ni se te ocurra. Para lo que sirvió la primera… Es que un día entran en conflicto y no queda nadie para contarlo.
     -P.: Les daré un poco más de tiempo.


                                          Francisco Tomás Ortuño

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