26 octubre 2017 : San Rogaciano
Otoño´17 : A mi nieto Gabriel, amante de la Política
-Murcia, las doce de la mañana, en mi taller.
-No sigas, Claudio, que con “taller” basta; ¿qué más da para lo que digas después, que sea aquí o más allá? Si luego lo que cuentas formara parte de un libro de “Memorias del Abuelo” para tus nietos, que lo dudo, ¿qué más daría que lo que hayas dicho fuera en un rincón o en otro de la casa?
Como decir que son las doce de la mañana, palabras que sobran, Claudio. Con decir “las doce” es suficiente; ¿o es que escribes por la noche tus Soflamas?
-En nuestra Lengua, Felipe, hay una figura aceptada por la Real Academia, que se llama Pleonasmo, y consiste en decir palabras innecesarias en la frase para su mejor comprensión: “Subir para arriba”, "bajar para abajo”, “dame a mí la bolsa”, etc.
-Hay que ser parcos siempre, cuando hablamos, cuando escribimos y cuando obramos. Como los franciscanos en la comida; los cartujos en el habla o el Renacimiento en sus obras, que se opone al Barroco.
En la literatura, como sabes, hubo una corriente en el siglo XVII, que se llamó “Culteranismo” a cuyo frente estaba don Luis de Góngora y Argote, que empleaba mucha palabrería donde no hacía falta: “Ven acá, damasceno”, le dijo a un vendedor de pescado, “esos prófugos escamados, habitantes de los cóncavos cerúleos, ¿son fluviales o marítimos?”. Y el pobre vendedor, un tanto asustado de tanta verborrea, le contestó escueto: “A dos reales”.
Quevedo, don Francisco, no comulgaba con estas ideas y practicaba lo contrario, la brevedad, la concisión. A su Escuela se llamó “Conceptismo”. Se cuenta que un día entró don Francisco en un bar y viendo a don Luis en el mostrador, dijo fuerte al camarero: “Deme un vaso de “llegó” porque llegó y vino es lo mismo”. No se llevaban muy bien don Francisco y don Luis, aunque se respetaban. Ambos dejaron obras maestras en la Literatura para la historia.
Y a ti, ¿qué te gusta más el Culteranismo o el Conceptismo?
-A mí, como en todo, el término medio. Si me tengo que decidir por uno, me quedo con lo moderado, en la sobriedad. No sé si viene a cuento, pero a mí se me ocurrió, y lo escribiría en alguna parte, que un Ejecutivo tenía en su despacho un cartel que decía: “Por favor, sea breve, no breva”, queriendo indicar que tenía prisa.
-¿Entonces?
-Por la boca muere el pez: con “taller” basta, y con “las doce” sobra. Cuando veo en catedrales muchos adornos, pienso: “¡Lástima de tiempo y de trabajo!”.
-Yo lo pienso así de los políticos. ¿No crees que sobran más de la mitad?
-Ya te has metido en un terreno peligroso, Claudio. ¿Será que la Política es un Pleonasmo de la sociedad, como el Culteranismo de las letras? Es que hace daño a la vista tal abundancia de gente opinando sobre lo mismo. Sería mejor volver a lo elemental.
Francisco Tomás Ortuño
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