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Aquel que tiene fe no está nunca solo.

24 octubre 2017 : San Antonio Mª Claret
Otoño´17 : A mi hija –Aquel que tiene fe no está nunca solo-.

     Murcia, las once, en el estudio que me dejan. Cuando limpian la casa, voy de acá para allá como hoja de árbol caída. “Ya puede pasar aquí”. Y yo me cambio. Todo es, lo sé, por una buena causa: cuando acaban su trabajo, queda la casa más limpia que una patena y oliendo a rosas y a jazmines.
     Ya estuve en Inacua, por martes. La piscina donde me baño está libre hasta las nueve, hora en que entran los de Aquagym. Es un poco como en la casa con la limpieza: “¡Ahora sí, luego no!”. Yo le cojo la vuelta y me voy cuando vienen los demás.
     Así, pues, de ocho a nueve me baño en la piscina. Luego paso al Yacusi, donde estoy quince o veinte minutos recibiendo chorros de agua a presión por todo el cuerpo, o en la cascada que viene de arriba, por la cabeza; o una primero y otros después, a discreción.
     Del Yacusi me traslado a la Sauna. Esta es una salita de vapor donde los huesos del esqueleto se fortalecen, según dicen. Aquí entras, saludas a los que hay, y te sientas. Ya no haces otra cosa. A veces se escuchan conversaciones de los vecinos sobre Política o fútbol.
     A las nueve se escucha la música ambiente de Aquagym y a su ritmo se mueven los que ocupan la piscina con ejercicios que ordena el monitor desde fuera. Música que, por otra parte, se agradece. “Donde hay música no puede haber nada malo”, dijo Cervantes en una ocasión.
     Y de la Sauna al Baño turco, con más vapor, donde haces lo mismo que en la Sauna: permaneces sentado otros diez o quince minutos en un ambiente cerrado a más de cuarenta grados. El Baño turco dicen que es bueno para el sistema respiratorio.
     Yo pienso que la sugestión forma parte de sus efectos. Tú imaginas que allí te curas de un constipado y sales respirando mejor. Yo creo en la curación por sugestión. Los médicos sabrán de casos a porrillo.
     ¿Te dije que uno a medianoche no respiraba y rompió un cristal creyendo que era de la ventana y respiraba bien? Luego vio que era un espejo lo que había roto.


                                       Francisco Tomás Ortuño      

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