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Favores.

1 octubre 2017 : Domingo, San Remigio, Revuelta catalana.   
Otoño´17 : Favores    


     -Que no me quieres entender, Leocadio.
     -Si no te explicas mejor, Benigno…
     -Tu amigo no soy yo, que es otro.
     -¿Ahora me sales con esas, Benigno?; ¿no recuerdas que jugábamos juntos de niños?, ¿que íbamos a la misma escuela?, ¿que pretendimos los dos a la que hoy es tu mujer…?
     -Me haces reír, Leocadio; ¿qué tendrá que ver una cosa con  otra?; ¿cómo sacas a relucir nuestro noviazgo, cuando tenemos hijos quinceañeros?
     -Es que siempre hemos estado juntos, Benigno, y ahora dices que no somos amigos.
     -Vamos a ver, Leocadio, ¿tú a quién vienes a ver? ¿al Alcalde o a Benigno tu vecino?    
     -¿Y qué más da? ¿No sois el mismo?
     -Pues no, señor: uno es uno y otro es otro. Cuando vengo a esta casa y ocupo este despacho y este sillón, soy el Alcalde; en la calle soy el otro, a quien tú te refieres. Las personas se desdoblan en la sociedad con su profesión: uno es el que tiene amigos y vive con la familia en su casa y otro es el de su cargo u oficio. Y no debemos confundirlos.
     -Yo pensaba que un amigo lo era en cualquier lugar.
     -Sí, pero de otra forma, Leocadio.
     -Entonces no me haces el favor que vengo a pedirte por la amistad que siempre hemos tenido.
     -Es que aquí yo no soy ese amigo que dices, ¿no lo comprendes? Si me pides el favor en la calle, te contesto: “No puedo, Leocadio, me gustaría complacerte pero mi situación económica no me lo permite”. Si me lo pides aquí, ya no soy el amigo a quien tú quieres ver.
     -Yo se lo pido a mi amigo el Alcalde.
     -El Alcalde no es amigo de nadie siendo amigo de todos.
     -Excusas, Benigno, excusas.
     -No son excusas, Leocadio, es un compromiso con el cargo.
     -¿Ni por una vez, Benigno?
     -Si te dijera que sí ya no podría seguir siendo Alcalde. En la vida hay valores por encima de las personas, que no deben quebrantarse: su cumplimiento es tan esencial, tan necesario, como el aire que respiramos.
     -No sigas, no sigas, Benigno, que me vas a hacer que te pida disculpas por el favor que no me concedes.
     -Favor que no estaba en mí concederte.
     -Hasta la vista, don Benigno.
                                           Francisco Tomás Ortuño

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