13 septbre 2017 : Miércoles, San Juan Crisóstomo
Verano 17 : A mi nieto Gabriel
¿Conoces la historia de Tobías? Corresponde al Antiguo Testamento. En la corriente del pueblo israelita, topamos con este santo varón, de la tribu de Neftalí, casado con Ana. Cuando los israelitas fueron hechos cautivos y deportados a Asiria, Tobías siguió fiel a Dios. Allí en el destierro se convirtió en la ayuda y consuelo de sus hermanos de cautiverio. El rey Asirio Salmanasar lo nombró su mayordomo y le dio poderes para ir y venir por su reino como el primero de los asirios, lo que facilitaba que pudiera ayudar mejor a sus hermanos de raza sacados de su tierra de Canaán.
Pero el hijo de Salmanasar no pensaba lo mismo. Senaquerib, que así se llamaba, enterado de que enterraba a los muertos judíos, lo cual estaba prohibido, quiso acabar con su vida. Un ángel del Señor se le apareció a Tobías y le dijo que corría peligro, que se marchara de allí cuanto antes. Y Tobías con su mujer y su hijo –que llevaba también su nombre- partió de noche hacia Nínive.
En Nínive estaba con su familia, cuando le dijo a su hijo: “Mira, Tobías, ve a un pueblecito llamado Rages, donde vive Gabelo, al cual le presté diez talentos de plata y no me los ha devuelto. Lleva el recibo que te entregaré, el cual reconocerá porque está firmado”. Tobías hijo obedeció a su padre, mas un elegante joven vestido de calle, le salió al paso y le dijo: “Yo puedo acompañarte; sé donde está Rages y conozco a Gabelo a quien quieres ver”. Partieron juntos. En el camino, el acompañante dijo a Tobías que visitara a un pariente rico que tenía una hija casadera. Allá que fueron y, efectivamente, este señor tenía una hija bella y rica. “Dios ha destinado a tu hija para este joven”. Y Tobías se casó con Sara, que así se llamaba la joven. “Que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob esté con vosotros”, dijo el padre de Sara. Y partieron los tres hacia Rages en busca de Gabelo.
Una vez cobrada la deuda volvieron contentos a Nínive donde quedaron los padres Tobías y Ana. La felicidad de unos y otros cuando se vieron y conocieron fue indescriptible. Tobías padre, sobre todo, ya anciano, quiso pagar al joven acompañante sus inestimables servicios, pero este le dijo: “Soy el ángel Rafael”. Todos se turbaron al oír decir esto y se postraron en tierra. Y el ángel prosiguió: “La paz del Señor sea con vosotros; ya es hora de que vuelva al que me envió. Bendecid a Dios y publicad sus maravillas”. Y dicho esto desapareció.
Francisco Tomás Ortuño
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