29 agosto 2017 : San Adelfo, Martirio de San Juan Bautista
Verano 17 : Eruditos A mi nieto Gabriel Tomás
He saludado a Enrique Jiménez, padre de don Enrique, médico y exalcalde. “Llevamos las ruedas pinchadas”, le he dicho como saludo, viendo que andaba dificultosamente. Su respuesta me ha gustado: “Demos gracias por haber llegado”, me ha respondido.
Enrique era funcionario del Ayuntamiento cuando yo Concejal y buen amigo. Sabemos los dos que estamos en la década de los ochenta. “¡Que dura que es!”, decía ya el abuelo cuando la cruzaba. “¿Y tu cuñado Miguel? No lo veo hace tiempo”. Me refería a Miguel Cerezo, que fuimos compañeros de Escuela con don Ángel Copete.
-Bien, vive en Madrid como sabes, jubilado, pero se encuentra bien, –me ha respondido. Este Cerezo hizo una carrera meteórica. De familia humilde llegó con brillantez a ser Abogado del Estado. Yo admiro a estas personas.
Me viene a la cabeza Calomarde. Fue también de familia modesta campesina, que nació en un pueblo turolense en 1773; estudió Derecho en Zaragoza, se fue a Madrid, casó con la hija del médico de don Manuel Godoy, y fue Ministro de Justicia con Fernando VII. Se ganó la confianza personal del Rey y durante años fue el alma del Gobierno.
¿Te acuerdas de una bofetada que pasó a la Historia? Fue a Calomarde, de la infanta Luisa Carlota. “Manos blancas no ofenden”, contestó él. Quería que firmara el Rey en su lecho de muerte un documento que aboliera la ley Sálica.
He nombrado antes a don Manuel Godoy. Otro caso de escasos recursos la familia, que por méritos propios llegó a ser Primer Ministro y dueño absoluto de la voluntad de los monarcas Carlos IV y la reina María Luisa.
Francisco Tomás Ortuño
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