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Alucinaciones.

2 septbre. 2017 : Sábado, San Antolín

Verano 17 : Alucinaciones

Las once y media, en el comedor, solo en la casa con los vecinos al lado, porque oigo ruidos y los ruidos no se producen solos. Nos contaba don Juan, en sus divertidas Clases de Filosofía –“Kant kant suena a cancán”, decía riendo-, que un señor oía ruidos extraños a medianoche en su casa; descubrió, por fin, que un vecino, cuando se recogía, siempre tarde, limpiaba su pipa de fumar dando  golpes en una viga común de las dos viviendas y producía el ruido que asustaba a su vecino.
     Tiene relación con otro que fue al psiquiatra a decirle, sumamente preocupado, que debajo de su cama había un cocodrilo y no podía dormir. El doctor, hecho a tratar con pacientes “pirados”, le dijo que no mirara debajo de su cama cuando fuera a acostarse. Luego en el casino escuchó la triste noticia de que un señor había sido atacado y muerto por un cocodrilo que había debajo de su cama.
     Y es que “cuando el río suena, agua lleva”. Si una mata de largo tallo se mueve a través de los cristales de mi ventana, debo deducir que hace viento; si oigo ruidos en la casa del vecino, debo inferir que hay alguien dentro; si el sol no luce como debiera por la hora, debo colegir que hay nubes que lo tapan. Y así infinidad de casos.
     Pero, con todo, no hay que saltar a la primera con lógica barata de “porque yo lo digo”. Yo defiendo al Santo de Aquino cuando dijo: “Si no lo veo, no lo creo”. Y aun viendo, muchas veces, hay que probar que es así. ¿Tú has visto un palo mitad fuera mitad dentro del agua? Cualquier ingenuo diría que está quebrado; y luego resulta que está más entero que el vientre de una novicia.
     -Este ejemplo no me vale, Verenfrido, ¿tú conoces la historia de la Papisa Juana? ¿Quién iba a decir que estaba embarazado el Papa? Y lo estaba. En filosofía estudiamos que una cosa no es siempre lo que parece. Tú entras de la calle a casa y ves encima de una silla un bulto y dices: “Es el gato”. Te acercas más y ves que es un pañuelo.
     -Ese fenómeno, muy frecuente, se llama alucinación. Crees que es una cosa y es otra. Hasta crees a veces que ves algo y no hay nada. No ya que confundes una cosa con otra sino que no ves nada y crees que estás viendo algo. Eso es ilusión. Vas por una carretera y crees que hay agua donde no la hay.
     -¿Y la bilocación, Jeremías? Me dijeron que a veces ves a alguien en dos lugares distintos al mismo tiempo.
     -Para mí que eso entra en los milagros de Jesucristo o en cuentos de ciencia ficción. Yo escribí uno que figura en mi libro de “Cuentos y Poesías” donde ocurre este hecho. Un tal Tiburcio Valdovinos, veía en dos lugares diferentes, al mismo tiempo, a la misma persona. “El Parricida” lo titulé. Te copio un párrafo del mismo: “La próxima vez que le ocurra –dijo el doctor- trate de acercarse a la persona en cuestión y comprobará que desaparece, que es un fantasma de su mente”. Y luego, nervioso y asustado, le disparó un tiro a su mujer.

                                             Francisco Tomás Ortuño 

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