19 septbre. 2017
Verano 17
Murcia, las ocho. A la Tierra, nuestro planeta, me la imagino como un tren de pasajeros, donde unos suben y otros bajan. Ahora acaba de salir de una estación y emprende su marcha de nuevo, mientras que los viajeros se acomodan en los asientos que antes llevaban para un trayecto largo.
De vez en cuando una parada corta, una fiesta dominical, o, a lo más, un puentecillo de dos días, hasta llegar a otra fiesta larga de una o dos semanas otra vez: Navidad, Semana Santa, la Feria o las vacaciones del verano.
En Murcia hemos pasado unas fiestas de larga duración, con ruedas para niños, huertos para mayores y desfiles por las calles para mayores y niños. Cada Región tiene sus fiestas propias: Sevilla, la Feria; Navarra, los Sanfermines; Valencia, las Fallas…
Es una forma de entretenerse. Yo no lo veo mal. Así se distraen, que todo no va a ser trabajar. Ni todo fiestas ni todo currelar. Mitad y mitad. Con las máquinas, el trabajo se reduce.
Cuando pasen unos años y las máquinas suplan al hombre en sus labores –calculadoras, tractores, ordenadores, robots, etc.- el hombre se verá emancipado de faenas que antes hacía y tendrá más días de vacaciones.
¿Llegará el hombre a no tener nada que hacer? Si las máquinas trabajan por los humanos, ¿qué tendrán que hacer estos? ¿Descansar? ¿Tendrá que imitar a Dios hasta en eso?: “El séptimo descansó”. Y nosotros no tendremos nada que hacer.
En Dios no es poco su Providencia, o sea, mantener lo que creó; y en nosotros lo mismo: vigilar lo que tenemos y ordenar a las máquinas que hagan por nosotros.
Habré dicho ya antes, porque lo he pensado dos veces, que el hombre debe buscar distracciones para cuando se jubile. Estar sin hacer nada es lo peor que puede ocurrirle. Entonces, si vamos abocados a una sociedad sin trabajo, es lo peor que podemos esperar.
No creo que el hombre sea tan necio para buscar no hacer nada. Mejor, buscar faenas agradables para estar siempre ocupado. Felices aquellos que no paran de trabajar en lo que quieren. Hombre feliz es el que espera que amanezca para seguir en la faena que dejó sin terminar el día anterior.
Francisco Tomás Ortuño
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