22 septbre. 2017
Otoño 17
Murcia, viernes, las once y cuarto. ¡Qué agradable es caminar sin rumbo fijo! Murcia es un paraíso para deambular por calles convertidas en zocos o mercadillos.
Aún quedan tiendas con hilos, agujas o cremalleras que busques. El buhonero, quincallero o mercachifle, casi enterrado en pequeñas cajas de botones, imperdibles o prisiones, pregunta con voz cavernosa, que parece salir de ultratumba: “¿Qué desea usted?”.
En una ocasión te dije que conocí en la Plaza de San Pedro, junto al Mercado de Verónicas, una tienda, puesto o tenderete tan pequeña que no cabía dentro la tendera. Una tienda que podía figurar en el libro de los Guinness.
La mujer que estaba a su cargo, permanecía sentada fuera, en su silla, sobre la acera. A los clientes que se acercaban curiosos, y preguntaban qué vendía, contestaba: “Lo que busque lo tengo ahí”, y señalaba con el dedo índice el interior de su boutique. Luego desapareció.
Era una Señora con uñas pintadas de rojo, labios reventones, una flor en el pelo, collares en el cuello y arillos en las orejas. Yo la miraba cerca y pensaba si era un escaparate viviente de sus productos.
En un tugurio o cuchitril, mi mujer ha comprado una tela de colorines. En el pago, la mujer ha rebajado un céntimo. “Da lo mismo”, le he dicho sonriendo, “poco se puede comprar con un céntimo”. Me ha contestado, seria, que la gente no compra un producto que marca seis si en la otra parte de la ciudad se encuentra el mismo producto a cinco con noventa y nueve. Le digo que no me lo puedo creer y me asegura, con juramento incluido, que es verdad lo que dice.
Te invito a que vayas por la Estación de Autobuses, por el Museo de Salzillo, por el Ambulatorio de San Andrés. Es zona de paso constante por uno u otro motivo. Y, por eso quizás, zona de bares y tiendas de objetos extraños y llamativos.
Quizás haya otros sitios similares en la ciudad. En el Plano de San Francisco, junto al río, montan los domingos otro mercadillo semejante. Pero esto no es privativo de Murcia. En un gran comercio parisino se leía en grandes caracteres: “Lo que busque, lo tenemos: desde una aguja a un elefante”. Vender se ha convertido en Arte y comprar en Tentación morbosa compulsiva.
Francisco Tomás Ortuño
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