Ir al contenido principal

Tala de pinos.

4 septbre 17 : lunes, 247 – 118, San Teodoro

Verano 17 : Tala de pinos  A mamá, que ordenó la operación

     Murcia, las once menos cuarto, en mi estudio “Salvador”. Aún me duele el cuerpo del trabajo que hice ayer, Donaciano.

     -¿Qué trabajo hiciste ayer, Porfirio?

     -Lo que antes fuera diversión y entretenimiento, es ahora trabajo puro y duro.

     -¿A qué trabajo te refieres, Porfirio?

     -Como te dije, Donaciano, el sábado fueron a mi casa del monte unos trabajadores a cortar las ramas que sobraban de los ya frondosos pinos. Y fue tal la cantidad de ramas cortadas que llenaron con ellas camiones.

     -¿Y tú qué hiciste aparte de mirar cómo las cortaban, cómo las hacinaban en el suelo y cómo luego las echaban al camión?

     -Te cuento, Donaciano de mi alma: Quedé asombrado viendo cómo trabajaban estos hombres: Con largas escaleras subían muy alto y con una motosierra en su mano, cortaban ramas tan gruesas como de veinte centímetros de grosor. Así de treinta, cuarenta, cincuenta pinos o más. Luego en el suelo, limpiaban los troncos caídos del ramaje que portaban, y en otra operación cortaban la madera a trozos de cuatro o cinco decímetros, como si fueran queso o salchichas, para quemar en invierno. Y a ese trabajo me refiero: a recoger los trozos de leña de quemar y apilarlos en un rincón.

     -Ah, ya, a recoger la leña que dejaron por el suelo.

     -Justo, mister Watson. Con menos años, un placer; con los que tengo, una tortura.

     -¿Por qué no remataron la faena los obreros, Porfirio.

     -Era una opción, pero preferí hacer yo también ejercicio. Yo no hubiera podido subir tan alto con su agilidad, ni hubiera podido cortar las ramas con la motosierra en una mano con la fuerza de ellos, pero andar por el monte con trozos de leña a discreción, lo vi factible y hasta conveniente. Y eso hice. Y comprobé tristemente que los años no pasan en balde: lo que puedes hacer a los veinte se resiste a los cuarenta y se hace imposible más tarde. Es ley de vida. 

                                       Francisco Tomás Ortuño

Comentarios

Entradas populares de este blog

De gitanos.

28 agosto 2017 : Lunes, San Agustín Verano 17 : De gitanos       Santana, las doce y cuarto, en el comedor. Hoy el sol no da la cara tampoco; el cielo está cubierto de norte a sur y de este a oeste, pero de llover ni una gota. Lo que sí hace es viento, un viento –aire en movimiento- que no cesa; iba a decir huracanado. El molino de la terraza tiene trabajo.       El castrador de pinos -¿he dicho una barbaridad?- acaba de llamar para decir que con este tiempo no subirá esta tarde a cortar las ramas que sobran a los pinos. “Pues muy bien que me parece –le he dicho-; cuando Eolo se duerma, vienes con la sierra”.      Ayer me dijo un buen amigo, por Correo electrónico, que un gitano exclamó: “Señor, no te pido que me des; solo que me pongas donde haya”.       -Los gitanos son gente especial, sin duda, y ellos lo saben.       -¿De dónde proceden? ...

Médicos.

8 febrero 18 : jueves, 39-326, San Emiliano, “La felicidad no es la ausencia de problemas, sino la habilidad de resolverlos”. S.M. Invierno´18 : Médicos      Murcia, las siete menos diez, en mi estudio pianístico. La mujer que limpia, ucraniana ella, se acerca a la puerta de salida. Significa que pronto habrá acabado su faena. Empieza por aquí y acaba por allá; y en el camino limpia habitaciones, baño, salón comedor, cocina y lo que va encontrando. Todo requiere un orden y ella lo sabe. Nada que objetar.      Yo esta tarde visité al endocrino. Visita concertada hace unos meses. Por octubre sería. Me ha cambiado unos comprimidos –eucreas por galvus-, él sabrá por qué. ¿Se lo habrá sugerido mi analítica? Para los médicos, un análisis le dice nuestro estado. ¿Qué harían sin él? Antes era otra cosa: “¿Qué le duele?”. “Tome este jarabe”. Ahora es más fácil.      Te lo contaría: Hace unos años visit...

Túnez.

9 febrero 2018  : San Miguel Febres Pensamiento : “Niños que juegan: fuegos artificiales”. F.T.O. Invierno´18  : Túnez       Murcia, las doce menos cuarto, en mi mesa redonda junto al piano. Solo en casa. Cuando supe que era tunecino sentí curiosidad por conocerlo. Y es que yo hablaba de inmigrantes por los nombres genéricos de negros, magrebíes o latinoamericanos, fueran unos de Sudán, de Etiopía o de Mozambique; fueran otros libios, marroquíes o argelinos; o fueran los últimos colombianos, ecuatorianos o chilenos. Para mí, de forma general, todos eran de los unos o de los otros: o negros, o magrebíes o latinoamericanos.       ¡Cómo se reirían ellos cuando comentaran nuestro despiste! “Mauritania no existe para los españoles”, dirían por carta a    familiares o amigos de su país. Como los negros cuando hablaran con otros compatriotas: “En España no cuenta ser de Tanzania, de Gabón, de Kenia o de Angola; a...