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Extranjeros.

26 septbre 2017 : Martes, San Cosme y San Damián
Otoño´17 : Extranjeros
     -El tema de los moros me preocupa, Eusebio. Antes veías grupos de dos, ahora son grupos más grandes. No andas dos pasos que no los veas. Yo creo que van siendo ya más que españoles.
     -¿Y negros? ¿No ocurre igual con los negros, Teobaldo? Antes un negro llamaba la atención. Ahora los ves en cualquier sitio.
     -¿Y americanos? ¿No nos han invadido peruanos, ecuatorianos, colombianos, bolivianos, salvadoreños…
     -Y eso que se devuelven pateras con gente a sus países de origen.
     -¿Cuál crees tú que va a ser el final, Teobaldo?
     -No sé, no sé; como el Gobierno no ponga puertas blindadas, un día dirán que nos vayamos nosotros. Yo creo que ya los españoles somos minoría. Si se juntan los extranjeros, nos pueden echar de nuestra casa.
     -¡No!
     -¿Qué ocurre en el Parlamento? Si el que gobierna no tiene mayoría absoluta, está expuesto a que los demás partidos se unan: si blanco, ellos negro; si negro, ellos blanco. Pues si los que se cuelan en España son más en número que los propios españoles, un día se juntan y dicen: “¡Ahora mandamos nosotros!”.
     -¡Oye, no lo había pensado!
     -¿Te imaginas que hospedas en tu casa a un moro por lástima y quiera ocupar tu puesto en la familia?
     -¡Hombre, hasta ahí podíamos llegar!
     -Es que luego vienen dos más. “Pobres, que no tienen trabajo!”. Y luego otros dos. Hasta que un día te dicen: “Salid de casa que no cabemos todos”. España es como la casa que te cuento. Vienen, vienen, y al final…
     -Pues es verdad.
     -Yo, si fuera Presidente del Gobierno, Eusebio, tomaría medidas para prevenir.
     -¿Cómo cuáles, Teobaldo?
     -Contaría con lupa a los que van entrando y no dejaría que sumaran entre todos ni la cuarta parte de españoles con el fin de que fueran fácilmente reprimidos en caso de alboroto.
     -Y yo, ¿sabes qué añadiría, Teobaldo? Que no tuvieran puestos de mando en grupos donde hubiera un solo español. Que mal estaría que los acogieras en tu casa y tuvieras que someterte a sus caprichos religiosos o de indumentaria. Como en tu propia casa, ni más ni menos: primero de uno y luego de los demás.
                                           Francisco Tomás Ortuño  

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