20 agosto 2017 : Domingo, San Bernardo
Verano 17 : De guerras
Santana, las diez y media, donde ayer. Donde ayer y como ayer el parte meteorológico: Un día más para gozar del verano.
-No dirán lo mismo los turistas catalanes que se vieran arrollados por un coche yijadista. Iban paseando tan tranquilos por la Rambla y, de pronto, un coche haciendo eses, como una culebra mortífera, se les vino encima, matando a catorce personas y dejando un centenar de heridos.
-¿Un loco al volante?
-Tenía que estar loco, que uno en su sano juicio no comete tal atrocidad.
-Las cabezas se pierden a veces, Ramón; en unos casos no pasa a mayores; pero en otros, como aquí, producen muertos.
-¿Y no podían prevenirse estos casos mortíferos, como el granizo con ventisqueros?
-Muy difícil, Ramón, por no decir imposible. ¿Quién va a saber lo que piensa el que monta en un coche? Cualquiera cree que se va de viaje, o que va a dar un paseo. Pero si lleva en su cabeza otra idea… ¿Qué pasó con las Torres gemelas de Nueva York?
-Es que la guerra ha cambiado mucho, Desiderio. Antes luchaban dos ejércitos frente a frente, montados en caballos, como vemos en las películas del Oeste americano. Ganaba el que más bajas producía al otro o el que conseguía que el contrario huyera por piernas campo a través.
Luego se encerraban en castillos y fortalezas, con fosos y puentes levadizos, y utilizaban agua hirviendo para que el enemigo no entrara.
Y hubo otro tiempo posterior, de no hacer nada el Ejército que prepararse por si tenía que actuar. Cuántos recuerdos recientes tendrán de esta etapa Sargentos, Capitanes, Comandantes, Coroneles y Generales.
-Y soldados, Ramón, que no hacían otra cosa que limpiar letrinas y pelar patatas. La Historia de la Guerra recogerá luego la vida de estos campamentos.
-Se acabaría tanta inactividad y tanto gasto sin provecho, ¿verdad?
-Hubo su oposición, como es natural; pero acabaron dándose cuenta de que el signo de los tiempos lo demandaba, y que las guerras anteriores no tenían sentido en el presente.
-Claro, cuando vieran que ni la Infantería ni la Artillería podían hacer nada ante un avión que se estrellaba con altos edificios produciendo bajas sin cuento, verían que había que cambiar los tiros de escopeta por gases letales. misiles o bombas atómicas.
-Hoy, con los adelantos que traen los tiempos modernos, nadie está seguro, Ramón. Los yijadistas se extienden por el planeta como células cancerígenas y se explotan por miles cuando quieren y donde quieren en menos que canta un gallo.
Francisco Tomás Ortuño
Comentarios
Publicar un comentario