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Incendio.

9 agosto 2017 : Miércoles, San Román

Verano 17 : A mis queridas nueras Lena, Toñi, Ana, Mª José, y a mi queridísima hija, única en el mundo mundial e inigualable, Lina María.

     Santana, las doce, en el comedor. Dicen los entendidos en el tiempo, como Miguel y Ángel, que hasta tienen su Estación meteorológica propia, que habrá tormenta esta tarde. Yo me creo más lo que ya fue. Lo porvenir lo dejo a mentes privilegiadas y al Señor que nos hizo.
     Por ejemplo, que hace treinta y nueve años hubo por estos pagos un incendio que estuvo a punto de acabar con el Convento de los frailes. Lo sé cierto porque lo viví. Fue el siete de agosto de mil novecientos setenta y ocho. El siete del ocho del setenta y ocho, fácil de recordar.
     Acabábamos de estrenar esta casa. Yo tenía entonces cuarenta y cinco abriles y mi Señora cuarenta y uno; Francis, 11; Pascual, 9; Ángel, 8; Miguel, 6, y Lina 4. Vosotras, nueras mías, no erais aún, aunque el Señor os tenía ya en cuenta para ser en un futuro.
     El Señor quería emparejaros a vuestros respectivos más tarde para que nacieran mis nietos: Gabriel, Isabel, Jaime, Pablo, Francisco, Raquel, Lina, Laura, Ana, Alba, Miguel Ángel. Sofía y Fran, que formaban parte de la Comedia.
     Y yo escribí esta Poesía luego, que os copio, para recuerdo:

INCENDIO

Tuvo lugar en Santana,
Veinte años ha, tal incendio
Que aquellas horas aciagas,
De espanto y dolor plagadas,
Perduran en el recuerdo.

Eran las tres de la tarde,
Una tarde muy ventosa,
Cuando por unos pinares,
Surgió de sus matorrales
Una llama sospechosa.

El fuego, como una fiera
Hambrienta, se fue extendiendo,
Cada vez con mayor fuerza,
Sin encontrar resistencia,
En dirección al Convento.

Cuando al fin los jumillanos
Percibieron el peligro
Y acudieron alarmados
Con intención de apagarlo,
El fuego estaba crecido.

Era un enorme volcán
Arrojando llamaradas
Con la fuerza de un titán;
Era el mismo Satanás
Que, bramando, resoplaba.

Por más que el pueblo quería
Bregar en distintos frentes
El fuego más se extendía;
Con miedo y rabia advertía
Que se encontraba impotente.

Los frailes en el convento
Y colonia santanera
Acorralados se vieron;
Los unos rezando dentro,
Los otros corriendo fuera.

El fuego seguía avanzando
¡qué momentos de terror!
La gente estaba gritando
Y los frailes porfiando
A su Cristo Salvador.

Cuando todo parecía
Que era pasto de las llamas
Por más que el pueblo ponía
A prueba su valentía,
Su amor y entrega a Santa Ana,

El fuego se desvió,
Y dando la media vuelta,
Del Convento se alejó,
Y, por detrás, avanzó
En una extraña pirueta.

Los frailes seguían rezando
A la Abuela, sin cesar,
Y a su Cristo el Amarrado,
Sin saber que un gran milagro
Había tenido lugar.

Es tan verdad, de tal modo,
Que sucedió lo que digo
El día siete de agosto
Del año setenta y ocho
Que te lo cuenta un testigo.

                   Francisco Tomás Ortuño

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