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Bartolo-mé.

13 agosto 2017 : Domingo    

Verano 17 : San Ponciano

     Santana, las cuatro y media, en el salón. San Ponciano en el santoral. “¡Pero, mira que llamarse Timotea!” es el título de un Cuento que escribí –figura en mi libro “Peces Nuevos”-. Podía decir lo mismo de este Santo: “Mira que llamarse Ponciano habiendo tantos nombres para llamarse, como Aniceto, Cayetano o Bartolomé”.
     -Cuando creciera Ponciano, se habría acostumbrado a oírlo y no lo cambiaría por otro, Sebastián. Es cuestión de oído. ¿No tienes tú un Amós rociado en la familia -padre, hermano, hijo, sobrinos- y lo encuentras dulce, elegante, valiente, rumboso y muchos adjetivos más, cuando otros ni lo conocen o desprecian?
     -Un tal Bartolomé fue al Servicio Militar cuando existía este servicio, y el Sargento le preguntó cómo se llamaba. “Bartolo”, dijo el interpelado; porque en algunos pueblos llaman Bartolos a los Bartolomés y les acortan el nombre. A este fenómeno en Gramática se llama “Apócope”, como San de Santo, Gran de Grande o Primer de Primero.
     -¡Tú no sabes ni cómo te llamas, chaval! –gritó el oficial.
     -Sí, mi Sargento, me llamo Bartolo; ¿lo sabré yo que lo vengo oyendo desde que nací?
     -¡Que no, hombre, que no!: tu nombre es Bartolomé. Y le soltó un mamporro que lo tiró al suelo. “¡Mira que no saber cómo se llama!”, apostilló entre dientes el oficial.
     Aunque pueda parecer extraño, estas cosas eran normales en la mili. “Mili” es otro nombre apocopado de milicia o militar.
     El que seguía en la fila para dar su nombre, pensó rápido: “Por no decir “mé” se ha ganado un sopapo; a mí no me pasará lo mismo”.
     -¿Cómo te llamas, recluta? -le dijo el Sargento con mirada dura y descompuesta.
     Y el soldado, sonriente, contestó: “Josemé”.
     -Conque con bromas a mí; otro que no sabe cómo se llama. ¡Tú te llamas José! ¿Entendido? Y le atizó tal guantazo que lo sacó de la fila a dos metros. “Con bromas a mí y encima se ríe”, masculló el Sargento. –Mascullar es hablar entre dientes o pronunciar mal una palabra-. Pero el soldado que seguía lo oyó también y se preparó a contestar bien cuando fuera su turno, aunque no pudo evitar orinarse en los pantalones.
     -¿Cómo te llamas tú? –oyó que le dijo con cara de pocos amigos.
     -¿Quién, yo? ¿Me dice a mí?
     El Sargento dobló su jeta de mala uva y siguió:
     -No seas gracioso y responde pronto: ¿Cuál es tu nombre?
     El pobre recluta, que ya no sabía ni dónde estaba,  acertó a sacar una risa forzada y dijo:
     -Como usted quiera, ¿qué más me da? Salustiano, Salustianomé o Salusti, como más le guste.
     A este del tortazo lo tuvieron que llevar a la enfermería.

     Y ya que va de broma la cosa, te cuento una adivinanza: No es de carne ni de hueso, pero tiene un buen pescuezo”. Solución: Lee al revés: alletob al.

                                             Francisco Tomás Ortuño 

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