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Tu padre era un gran hombre.

3 agosto 2017, Santa Lidia

Verano 17 : De unos libros

     Santana, las cuatro y media, en la cocina, Santa Lidia. Esta Santa, sin ningún esfuerzo, me recuerda a Lidia Lifante. Cuando yo estudiaba el bachillerato en el Colegio de Enseñanza Media “San Francisco de Asís”, muchos libros eran de Lidia.
     Mi padre llevaba las cuentas de Ginés Lifante, capachero de pro en Jumilla, con otros pocos –don Luis Rico, don Antonio Jordán, Blas el de los espartos, Gilar…-. La industria del esparto era floreciente y lucrativa.
     Y mi padre me llevaba los libros que Lidia, hija de Ginés, había estudiado un Curso o dos antes que yo. “Fórralos y cuídalos mucho”, me decía. No me preguntaba yo entonces –diez a quince años- por qué mis compañeros estrenaban libros y yo llevaba los usados por Lidia, pero era fácil de comprender.
     Eso sí, yo los estudiaba con ahínco, como si de ello dependiera poder seguir estudiando con los demás. Y cuando los devolvía, creo que estaban tan nuevos o más que cuando los recibía. Hasta les ponía “punteras” debajo del forro, en las puntas, para conservarlos mejor.
     Había un alumno, dos Cursos superior al mío, José Azuar, que pretendía a Lidia Lifante, y, cosas del amor juvenil, buscaba en mis libros la firma de su amada para acariciarla con la vista. Tuvo que ser un amor platónico, ya que luego ingresó en el Seminario y se hizo sacerdote.
     El año pasado hablé con Lidia en el atrio del Convento. Sacamos estos recuerdos de hacía setenta años y nos reímos con ellos viendo que estaban frescos todavía en la memoria de ambos. “Tu padre era un gran hombre”, me dijo, “yo le ayudaba en la oficina”.
     Fue lo mejor que pude oír, ya que mi padre se hizo independiente en la industria cofinera y trabajó por su cuenta como los pocos grandes industriales del pueblo. Lástima que le duró poco saborear las mieles de su victoria. La aparición del plástico acabó con la mina del esparto que suponía en bodegas y almazaras.
     Querida Lidia, felicidades por tu Santo allá donde te encuentres; y gracias, una vez más, por aquellos libros que me dejabas de latín, francés, literatura, matemáticas o ciencias naturales.

                                             Francisco Tomás Ortuño

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