10 agosto 2017 : San Lorenzo
Verano 17 : Meteoritos, Cambios de tiempo, Un incendio, Futuribles.
METEORITOS.- Santana, las once y media, en la jaula, San Lorenzo, día que se recuerda por sus estrellas fugaces. Se ve que el planeta Tierra, en su paseo celestial, pasa por una zona pedregosa, y las piedras se deshacen con luz en su carrera.
Todos los años es lo mismo. Y como a San Lorenzo lo pusieron en una parrilla para morir, según cuenta la historia o la leyenda –para mí que fue más la leyenda que la historia-, se asocian los dos eventos como provenientes del mismo origen. Hasta se dice que los meteoritos son lágrimas del santo.
CAMBIOS DE TIEMPO.- La tormenta que ayer pronosticaban los meteorólogos profesionales y aficionados, como Ángel y Miguel o Miguel y Ángel, quedó en un descenso de las temperaturas y unos nublados amenazantes, pero sin llegar a mayores. El susto, por la fecha, se lo llevarían los agricultores que cogen fruta de los árboles o uva de las viñas.
-Es que es una broma de mal gusto que en cinco o diez minutos se pierda la cosecha de un año, Celedonio.
-Por lo que a mí respecta, escribo en la jaula por inercia; pero debo confesar que el tiempo ya no es lo que era estos días atrás; vamos, que este no es mi Juan, que me lo han cambiado: Más parece un día de marzo que de agosto; parece más un día de otoño que veraniego. Con decir que siento frío en mis carnes desnudas, y que mi cuerpo mira con desprecio la piscina que ayer miraba con deseo…
Sí, el tiempo no es el mismo. Los feriantes mirarán preocupados el cielo, como hacían los procesionistas en Semana Santa, o los huertanos del Malecón en vísperas de las Fiestas de Primavera.
INCENDIO.- Hoy dedico mi Soflama a mis nueras –Lena, Toñi, Ana, María José- y a mi hija. Les cuento, por si no lo saben, que hace treinta y nueve años hubo un incendio en Santana que a punto estuvo de acabar con estos montes y hasta con el Convento y con la Abuela.
Pero, ah, hubo un milagro, que yo lo vi. Cuando estaba el fuego a las puertas del cenobio, se detuvo, pensó lo que pensara y cambió de rumbo. Esto ocurrió el siete de agosto de mil novecientos setenta y ocho. El siete del ocho del setenta y ocho, hemos dicho después.
Futuribles.- ¿Qué más? ¿Qué más nos cuentas hoy, Celedonio?
-Te contaré un futurible, que es como decir algo probable, pero no cierto; algo que está en proyecto, en mente, o pensado para hacer: mañana iremos a comer a Coimbra con la cuñada Ana Mari.
La cabeza, a veces, o casi siempre, se adelanta en el camino y propone cosas para hacer. Viene a ser como esas compañías o circos que van por los pueblos con adelantados a su llegada que los anuncian. Unas veces se cumple lo anunciado y otras no. Imponderables, como el fuego de Santana, lo impiden.
-Para cierto, lo pasado, Agustín, como que ayer murió nuestro vecino Antonio Valero, padre de Antonio, de Javi, de Juan Miguel y de Miguel Ángel; el porvenir nunca es seguro.
Francisco Tomás Ortuño
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