30 julio 2017, domingo
Verano ´17 : El uno uno dos
Santana, las siete de la tarde, en la cocina. Pues no vino Francis con la familia, como habían dicho. Prefirieron quedarse en Murcia. Invitaron a Lina a comer con ellos en Espinardo y se olvidaron del viaje. Siempre menos peligrosa esta decisión que salir a la carretera.
-Aunque luego te quedas y el peligro lo tienes en casa.
-También escribí una Décima o Espinela con ese asunto. Hubo un terremoto de cuatro o cinco grados de intensidad en un pueblo y una tal Juliana, asustada, cogió su moto y se fue al pueblo vecino. Pero resulta que allí, justo allí, hubo tal réplica que la alcanzó de lleno. Nunca se sabe lo que es mejor, si correr o estarse quieto. Igual huyes del peligro y vas a encontrarte con él.
Ayer hablaba yo de impuestos y de gastos del Estado. Me di a pensar luego y no me creía que fueran tantos los gastos a cubrir por el Estado con los impuestos de sus ciudadanos: Que si enseñanza, con miles de maestros y profesores; que si medicina, con miles de médicos, cirujanos y hospitales; que si tráfico, con guardias, autopistas y medidas de seguridad… ¿Tú sabes la cantidad de personal que necesita un Gobierno para cubrir medianamente bien sus necesidades?
-Y el campo, y la limpieza de las calles, y el cuidado de los jardines…
-Y pensé en el “Uno uno dos” que alguien nombrara en la conversación. El “Uno uno dos” es el número de teléfono que se marca para que vengan a atender una necesidad urgente. Alguien lo pensaría el primero. Y tuvo tal éxito que se implantó en la Nación como una necesidad grande que antes no existía.
-¿Y cuántos miembros son necesarios para atender este Servicio del “Uno uno dos”?
-Tienen que ser muchos: Supongamos que la Central está en la capital de España. Tú, por una necesidad extrema –maternidad, robo, fuego, infarto…-, descuelgas el teléfono y marcas el Uno uno dos. “Diga”, te contestan. “Necesito urgentemente que me ayuden”, respondes.
Lo primero será saber de dónde llamas. “¿Dónde?”, seguirá preguntando la Central. Y tú dirás la provincia: “Murcia, Lugo o Badajoz”. La Central, inmediatamente, llamará a la provincia en cuestión.
Esta recogerá la llamada para preguntar a su vez: “¿Qué pueblo?”. “Jumilla, Lorca o Alhama”. Y en Jumilla, Lorca o Alhama volverán a preguntar: “¿En qué parte de Jumilla, de Lorca o de Alhama?”. “En la casa del Roalico, que pega al depósito de agua”.
Y terminan preguntando: “¿Qué ocurre?”. Y entonces terminas explicando lo que ocurre: “Hay dos ancianos en la casa y una se ha desmayado”. Y los servicios del “Uno uno dos” se ponen en marcha: manda una ambulancia con dos o tres personas para atender la llamada.
-Parece sencillo, pero si lo piensas bien, en esa red nacional hay muchas personas atendiendo el servicio.
-En la Central de Madrid, ¿qué menos que diez personas pendientes de las llamadas? En España, ¿qué menos que cincuenta provincias para comunicarse con la Central? En cada provincia, ¿qué menos que cincuenta pueblos o puntos de llamada? Y en cada terminal, ¿qué menos que cinco grupos de expertos – médicos para enfermedad; guardias para robo; bomberos para incendios; de oficios varios para imprevistos, etc.-.
-Parece fácil pero de la llamada a recibir la ayuda tiene que pasar un tiempo y disponer de personal que atienda la urgencial llamada. No es fácil pero sí muy importante.
-Alguien sería el primero en descubrir la necesidad de esta red nacional, sobre todo por la noche cuando puede ocurrir en un campo o lejos de la ciudad lo más imprevisto y la ayuda es necesaria para salvar una vida.
Francisco Tomás Ortuño
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