18 agosto 2017 : Santa Elena
Verano 17 : ¿Somos otros?
Me contaba mi tío Jesús Loncán, de Elche de la Sierra, que él ataba a sus hijos a una silla con un hilo y se iba a trabajar tranquilo porque sus hijos no se moverían, y menos romperían el hilo, que era para ellos una cadena. Son otros tiempos, gracias a Dios.
-¿Gracias a Dios? Creo que en todo la virtud se encuentra en el medio; o sea, que ni tanto ni tan calvo: Ni atar a los hijos a la pata de una silla, ni dejar que se salgan con la suya siempre contra la voluntad de los mismísimos padres.
-¿Sabes el cuentecillo? Al niño le das lo que te pida para que no llore –decía la señora a la criada.
-Es que me pide la luna que ve reflejada en las aguas de la piscina, ¿quiere que lo tire al agua para que la coja?
Cuando se pasa un Ciclo vital, las personas que quedan del mismo deberían irse con él. Lo nuevo y ellos son como el agua y el aceite: no se entienden, no pueden estar juntos. Cada época es de un grupo de personas. Y en esa época se sienten como pez en el agua los que son de la misma y solo ellas. Piensa en los móviles y el internet, por ejemplo. Otros no caben aunque quieran.
Yo tuve un amigo que vivió con varias generaciones distintas, porque los de la suya se casaron y él siguió soltero con otro grupo más joven. Un día me confesó: “He comprobado que solo fui feliz con los de mi edad”.
Esto da que pensar. ¿Cuanto dura un Ciclo? ¿Duran todos lo mismo? ¿Te sientes bien con personas mayores o menores que tú? ¿Ellos contigo? ¿Hasta cuántos años, en más o en menos, te verías bien con otro grupo distinto al tuyo? ¿No será la Naturaleza la que cambia en su marcha sideral y nosotros los que tenemos que adaptarnos a sus eventuales cambios?
Para reflexionar. Ni todos los que están a un tiempo son los mismos, ni los que viven separados por Ciclos, dejan de serlo. Es algo más profundo, que no tenemos en cuenta: el cambio que se opera en la Naturaleza. Los hombres de tractor no comprenden a los de arado, y viceversa; los hombres de cohetes espaciales a los de bueyes y carros; los de calculadoras a los que sumaban con los dedos de su mano.
Francisco Tomás Ortuño
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