27 julio 2017
Verano 17
Santana, las seis y cuarto de la tarde. Hoy es una de esas veces que pondría en la fecha: 27, creo. Tengo que pensar para saberlo. Debe de ser esa fecha porque ayer vinimos de Murcia por la tarde y subimos a la fiesta de la Abuela, por su santo, y a la procesión, que no diremos que fue multitudinaria pero sí abundante, por su barrio.
En el ánimo de todos estaba pedirle que lloviera, pero nadie se atrevió a pedirlo cantando, que ya te conté que un año descargó tanta agua que en una semana no se pudo pasar el Prao. Hasta el Padre guardián la tuvo que llamar al orden: “¡Abuela, te has pasado!”, le dijo con severidad.
La falta de lluvia es un problema no solo local y provincial sino nacional; y, si me apuras, mundial. Hace falta que llueva, que los que tienen un río –Tajo, Ebro…- no quieren dar una gota a los vecinos, aunque se vaya al mar.
El agua no es de nadie y es de todos, como el aire que respiramos. Es un tesoro natural que hemos de administrar bien. Muchos pantanos donde guardarla y no dejar que haya filtraciones o que se vuelva al mar a mezclarse con la salada.
-¿No querían desalar el agua del mar?
-Ahí estaría la mejor solución, Benito, que si el agua del mar pudiera desalarse o hacerse potable para beber, estaba resuelto el problema; pero me temo que no es tan fácil.
-Oigo la campana del Convento; debe de ser llamando a Misa.
-¿Vais vosotros?
-No, que fuimos esta mañana a Santiago al entierro de un amigo.
-¿Quién ha sido ese amigo que nos ha dejado?
-Eugenio Santos Espinosa de los Monteros, hijo del maestro don Julián Santos. Eran tres hermanos –Alfredo, Eugenio y Maripé- y los tres han muerto en poco tiempo. Ahora quedan nietos que luchan por conservar obras que compuso en vida su abuelo.
-Buena labor que alabará el autor desde el Cielo; no solo Villancicos que escribía don Lorenzo Guardiola, sino zarzuelas y obras para piano.
-Ha oficiado la Misa don Luis Emilio, compañero de Lina en la Universidad Católica o UCAM. Dirige un programa religioso en televisión que se llama “Vidas con Luz”.
-¿No crees que los curas debían de casarse? Serían padres y esposos ejemplares.
-Y hasta resolverían el problema de la falta de sacerdotes en la Iglesia.
-¿Tú crees?
-Yo así lo creo, que muchos por casarse no se hacen curas.
-Un Papa valiente permitirá a los sacerdotes casarse. Verás como llega, Benito; lo contrario no tiene sentido.
Francisco Tomás Ortuño
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