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La mañana de la leña.

5 agosto 2017

Verano 17

     Santana, las once, en el comedor, solo en la casa. Bueno, estoy con Sara y con Sira. Mamá y Lina bajaron al pueblo.
     -¿Quién es Sira?
     -No me quedo con su nombre; es la perrita de Alba, luego te diré cómo se llama; le tiras una piedra y te la trae en la boca.
     -¿Y cómo está en tu casa?
     -Pasaron temprano Miguel, Mª José, Alba y Miguel Ángel y nos la dejaron hasta que vuelvan de un viaje de ocho o diez días.
     -¿A dónde van?
     -A un cámping de Soria, dicen. El caso es salir, cambiar, correr y ver cosas. La opción es buena: con la tienda de campaña que usaba Miguel de pequeño en Cartagonova con los papás y demás hermanos, ahora va con su familia a Soria, a Cuenca o a Santander.
     -No me extraña que aumenten las ventas de caravanas, como he oído decir.
     -Las caravanas son casas itinerantes que permiten viajar de norte a sur y de este a oeste del país, y parar donde te plazca: “Veamos esta playita”, “Conozcamos este pueblo”, “Probemos la cocina de este lugar”, “¿Por qué no llevarnos vino y quesos de Jumilla, que son los mejores del mundo?”. Y así se recorren España.
     -Palabras mayores.
     -Yo me quedé con las ganas de tener una caravana; me quedé en una tienda para plantar en un cámping. La caravana es otra cosa. Yo la recomiendo. Llegué a ver sus virtudes, pero no la adquirí: nos quedamos en una tienda que, siendo buena, no es lo mismo. Si volviera a ser joven, sin dudarlo me compraría una caravana.
     -Es como alquilar un piso en la playa. ¿Para qué comprar y no poder cambiar de paisaje ni de vecinos? Y encima tener que pagar todo el año gastos de Comunidad, luz y teléfono. Tú echas a andar y donde más te guste miras para atrás y lees: “Se alquila”. Alquilas y santas pascuas. Que te gusta, sigues; que no te gusta, te vas.

     Suena el teléfono. Traen la leña que encargamos: un camión de troncos de albaricoqueros. Ya hay leña para dos o tres inviernos. Subir la cuesta para descargar la leña detrás de la casa no es fácil. Piensa, Abilio, que hablamos de un monte. Con el vendedor vienen tres bolivianos a colocarla donde les digas. Lleva su tiempo y su trabajo adicional. Pero los jóvenes, por euros, hacen el trabajo que les pidas.
     Ahora mismo, las dos del mediodía, todo está hecho. Les he dado a los jóvenes una propina aparte lo estipulado con el vendedor. Hasta luego. La mañana de hoy, mira por dónde, se podía llamar “la mañana de la leña”.

                                             Francisco Tomás Ortuño

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