25 noviembre 2017 : Santa Catalina de Alejandría
Otoño´17 : Sorpresas
Los Baños de Fortuna, las diez y diez de la mañana, sábado nublado pero sin lluvia. Ya desayunamos y fuimos a recibir calor en la zona lumbar con los parafangos. En Archena son lodos. Le he preguntado a la enfermera si venden cremas para el picor de las piernas. Me dice que en las tiendas del Casino tienen de todo.
Faltaría más, pensé. Seguro que el picazón que yo siento lo padecen otros; y, claro, si hay mal hay remedio que se venda para el mismo. No he conocido un mercado tan eficiente para expoliar al turista, bañista o como quieras llamar; a los que vienen al Balneario a curar sus achaques.
Esta mañana salí temprano a dar un paseo. Me encontré con mi paisano Antonio, que había salido a lo mismo. Me dijo que a su mujer, compañera de la mía cuando iban al Colegio de doña Mª Rosa, le cuesta andar. “Le pasa lo que a la mía”, le dije yo. “Está deseando volver al pueblo”, siguió mi paisano. “Lo mismo que la mía, que solo piensa en volver a Santana con su mascota Sara”, respondí yo.
La nota curiosa de hoy ha sido tropezar con don Francisco Bombín en la escalera regia del hotel que sube al comedor. Yo bajaba y él subía. “¿Eres tú?”, me ha dicho. “¿Y tú?”, le he contestado. Don Francisco y yo nos conocimos en el CEP –Centro de Profesores-, hace ya muchos años.
Supe entonces que era amante de los viajes. Los había hecho en solitario, con su familia y con amigos; por España y el extranjero; había estado en París, en Canadá, en Japón y en muchos sitios más. Me propuso ir juntos a un safari en África y en un Crucero a Borneo y Sumatra por el Asia oriental.
Claro, lo consulté con mi mujer y no fuimos. Luego incorporamos nuestro e-mail en la lista de amigos que nos escribimos Correos por Internet. Y esta mañana nos encontramos en la escalera que sube al comedor del Hotel Victoria. “¿Eres tú?”. “¿Tú por aquí?”. La vida es un pañuelo.
¿Te dije que en Francia pregunté a un señor y resultó que era jumillano y de vez en cuando iba a saludar a la familia, que vivía, ¡qué casualidad!, enfrente de mi casa?
El año pasado -¿o hace dos años ya?-, en la piscina termal saludé a una señora de Jumilla. Me presentó a su marido. Me dijo este que fue alumno de don Celestino en el Colegio “Ibáñez Martín”. “Le veía a usted en su despacho como Director”. Lo cual te advierte que por donde vayas tienes que pensar que estás con conocidos y que debes obrar con el rango de persona que quieras tener.
No te he dicho que hoy escribo en otro lugar: es un rincón espacioso de la planta principal, con mesas y sillones para escribir o leer. A mi derecha hay un balcón, de donde veo la fachada del Hotel Balneario. Entre ambos, una calle ancha sube a la iglesia. Gente con albornoz sube y baja, va y viene, entra o sale. Una señora pasa con un móvil en la oreja. Va sola pero acompañada, que hoy todo es posible en la viña del Señor. El móvil se ha generalizado tanto que no se puede vivir sin él. Nadie va solo. Con el móvil vas siempre acompañado.
Francisco Tomás Ortuño
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