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Cuponazo.

4 diciembre 2017 : Santa Bárbara, lunes, 338 días pasados del año-27 por pasar.

Otoño´17 : Cuponazo

     Murcia, lunes, las once y media, donde ayer cuando escribía. Si solo digo “donde ayer”, puedes pensar que paso el día sentado en esta mesa, y no es así. No hubiera estado en la Administración de Lotería de San Julián a comprar unos décimos para el sorteo del día veintidós, que luego reparto a mis hijos. No vamos teniendo suerte en el sorteo navideño, es verdad. Ya muchos años que hago lo mismo, y nada de nada. A ver si esta vez…

     Si ha de ser, el santo encargado de repartir los premios estará sonriendo pícaramente cuando mire desde el cielo. Si me dijera: “No compres más, que va a ser lo mismo”, yo no compraba y a otra cosa mariposa, pero no es así. ¿Y no es mejor mantener la esperanza unos días por si tocara? Lo que viniera después, tampoco lo conocemos.

     Yo escribí una vez un Cuento, que titulé “El Cuponazo” –que figura en mi libro de Cuentos “Peces Nuevos” con el número 5-, donde a Marcelo le tocó la Lotería y a punto estuvo de romper con la paz que gozaba su familia antes de que la diosa Fortuna viniera a visitarlo: El hijo se metió en la droga; la mujer hizo amistades poco recomendables, que la llevaron a salir de noche y a jugar fuerte. Y el pobre marido advirtió, desconsolado, que el premio fue la perdición para su hogar.

     Nadie piensa en los males que puede aportar un premio, y todos juegan con la ilusión de que les toque. Si se pudieran pesar los sentimientos, no había peso que pudiera hacerlo de tan ingente cantidad.

     Y de haber estado aquí, sin salir de la habitación, con todo el bienestar que produce mi brasero eléctrico y el sol que se cuela por la ventana, no hubiera ido ayer tampoco al Banco Sabadell, instalado en el barrio de San Antón.

Este Banco, hasta hace unos meses estaba en la calle Sagasta, muy cerca de esta casa; y, no sé por qué, lo trasladaron a San Antón. ¡Con lo bien que me quedaba el de Sagasta! “Poned la mesa”, decía, que bajo al Banco”. Era como una pieza más de la casa. Y de pronto lo trasladan.

     ¿Contarían con los empleados? “Lucía, desde mañana a San Antón, ¿qué tal te viene?”. Y es que los Bancos son como personas, que se cambian de residencia si no les va bien donde viven.
                                        

     Francisco Tomás Ortuño

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