1 diciembre 2017 : 335-30, Viernes, San Eloy
Otoño´17 : Gemelos
Murcia, sí, en Murcia otra vez, como si fuera ayer mismo cuando escribía aquí. Son las once en punto de la mañana, viernes, primero de mes, único e irrepetible en la historia del mundo. Parecidos puede haber, pero como él ninguno.
Le pasa como a las personas: no hay dos iguales. Si en el físico se parecen, no se parecen en lo demás. Cada uno es él. ¿Tú ves a los Torres en la Cocina, dos hermanos gemelos que llevan un programa con recetas culinarias? Pues yo no los distingo, pero veo que discuten y se pelean. Cada uno es él y no el otro.
Yo tengo dos nietos gemelos, Antonio y Pascual. Nunca los he distinguido; con lo fácil que hubiera sido poner en la ropa, bien visible, una P y una A. Porque ni Pascual es Antonio ni Antonio es Pascual por mucho que se parezcan. “Oye, Pascual”, le digo a uno y contesta: “Soy Antonio, abuelo”.
Las veces que habrán tenido que decir lo mismo a requerimiento de los demás. Ya digo, yo les había puesto desde que empezaron a confundirse una J y una P en su ropa para que todos supieran quién era quién sin confundirse.
A la Escuela que tuve cuando yo era Maestro, iban dos hermanos gemelos. No los llamaba por no equivocarme. ¿Y qué se merecían ellos?
Rebobino; son las once y escribo otra vez en Murcia, concretamente en el comedor, con el silencio de antes de ir a Fortuna a pasar unos días con baños termales. Un sueño que pasó a la historia.
Esta mañana, a las ocho, recogimos nuestras cosas en la maleta y fuimos a desayunar y a esperar al autobús en la puerta del Casino para volver a casa. En el camino sonó el teléfono. Era mi hija que decía que nos esperaba en la estación. Y aquí de nuevo.
Francisco Tomás Ortuño
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