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Don Antonio, Duque de Villabona.

23 noviembre 2017 : San Clemente, jueves, 327 - 38

Otoño´17 : Don Antonio, Duque de Villabona

     Baños de fortuna, las diez y diez, en la habitación del hotel, que es decir en la propia casa. Aquí te encierras y estás independiente del resto de viajeros. Hay un comedor común a donde vamos todos a desayunar por la mañana, a comer a mediodía y a cenar por la noche.

Hay una piscina fuera también a donde van los que quieren bañarse. Y hay jardines y tiendas que puedes visitar con los demás si lo deseas. El resto de servicios los tiene cada cual en su recinto particular, o habitación, que hace las veces de casa: lavabo, tele, teléfono, ducha, mesa, cama, armario y otros.

     Ahora yo estoy aquí junto a una ventana que da al exterior, en una mesa grande y cómoda para escribir. Que quiero, me acuesto; que quiero, voy al baño. Estoy en mi casa, que para eso la hemos alquilado.

     Ya desayunamos y fuimos con albornoz a la sesión de parafangos en la zona lumbar. Mi mujer luego fue al pediluvio donde tiene su cura de pies. Yo la espero aquí para ir después a las tinas, a los chorros de agua a presión y a las sillas con yacusi. Son otros servicios individuales que tienen su hora para asistir. A donde vayas hay enfermeras que te atienden y clientes como tú que vienen a lo mismo.

     No es difícil cogerle el aire o hacerte a su mecanismo: unos por aquí, otros por allí, unos para arriba, otros para abajo, por escaleras o ascensor, todos y todas con batas blancas hasta los pies, que indican que están en su faena de curación, o, si quieres, en su trabajo. Al final todos servidos y cada pájaro a su nido.

     Ya digo, al rato de estar aquí, por la hora del reloj sabes donde te encuentras o lo que toca hacer. En mi caso, hasta las doce puedo escribir o salir a pasear. Eres libre. Como yo, los doscientos o trescientos inquilinos que llenamos el hotel. Todos hacen lo mismo porque aquí no se viene a otra cosa, sino a recibir los beneficios de unas aguas termales y a descansar, o no hacer nada; que hasta hablar parece que es un trabajo fuera de lo que deba hacerse.

      Ayer hablamos con don Antonio García Mata, Duque de Villabona, que dirigió el balneario durante la segunda mitad del siglo XX. Es el dueño de hoteles y balneario. Ahora sigue su hijo con el negocio. Nos dijo que tenía ochenta y ocho años. La memoria la conserva bien. En la iglesia tiene un sitio reservado junto al presbiterio. En el comedor también come solo en una mesa reservada. Cómo gozaba contando historias de los baños y hoteles que compró. Muy religioso, va a Misa todos los días. No sé si la iglesia de los Baños de Fortuna mandó él que la construyeran. Lo que sí dijo es que “el poco tiempo que le queda de estar aquí, quiere hacer méritos para ganar la gloria”.

                                             Francisco Tomás Ortuño

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