28 noviembre 2017 : Martes
Otoño´17 : Homeopatía
Las nueve y media, en el Hotel España de los Baños de Fortuna. Sí, el Hotel Victoria es otro, pero del mismo dueño. Los baños son los mismos. Las termas dicen aquí. Ayer, con Lina, lo recorrimos y vimos que es precioso.
En la entrada, donde me encuentro ahora, vi una mesa de escritorio con su silla, y me prometí volver a escribir otro día. Creo que en otro viaje anterior ya estuve aquí. Si buscara en libros o cuadernos de otros años, que los guardo, seguro que lo encontraba, pero sería una labor investigadora de poca utilidad.
Hoy recalo aquí de nuevo: la iglesia está muy cerca, conforme se sale, a la derecha. Enfrente leo: “Servicios médicos”, por donde pasan los viajeros que llegan, a que el médico les recete los servicios que necesitan para sus males corporales: sesiones de manicura, baños en la piscina, chorros a presión en cervicales, etc.
Se corresponden con los alifafes que le cuentan los viajeros: “Me duele el pie”: pedicura; “Me duele el hombro”: tina; “la espalda”: chorro a presión con manguera, etc. El agua aquí es milagrosa, lo cura todo.
Sería curioso hacer un seguimiento de lo que ordena el médico a los cientos y miles de viajeros que vienen buscando remedio a sus males. ¿Algo así como Lourdes? No quiero caer en herejías, pero veo una gran similitud en las curaciones. Aquí es un médico de carne y hueso el que ordena lo que corresponde; allí es la Virgen.
Unos se curan y otros no; unos más y otros menos; pero en todos se mantiene la esperanza de que a otra vez será. La sugestión obra milagros.
En una ocasión, -¿sería por mi estancia aquí?-, escribí un Cuento sobre un homeópata. No mandaba medicamentos caros ni costosos de aplicar, pero surtían efecto. Los otros médicos se quejaron, pero al fin los enfermos apoyaron al homeópata.
Francisco Tomás Ortuño
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