24 noviembre 2017 : Santa Fermina.
Fermina era una virgen romana, hija del prefecto Calpurnio. Un cónsul quiso seducirla y Fermina se negó. Sufrió el martirio durante la persecución de Diocleciano.
Otoño´17 : ¡Bingo!
Baños de Fortuna, viernes, las nueve y diez, en la entrada del hotel. Los días pasan rápidamente aquí. Cuando hacemos un organigrama y lo llenamos de actividades para cumplir, el tiempo va más deprisa.
Hoy me levanté a las siete y salí a la calle. Quería conocer los alrededores del hotel. Mañana fresquita pero agradable para caminar. Digo agradable y me alegro, porque es uno mismo y su estado quien la hace confortable y placentera. Si no pudiera andar o me sintiera achacoso, diría que la mañana era fría y poco indicada para dar paseos.
Como dije ayer, cerca pasan fantasmones de bata blanca que van a lo suyo. No sabes si son hombres o si son mujeres; como llevan la cabeza tapada con una toalla, se confunden. Todo uno y lo mismo: baño, piscina, desayuno; que van, que vienen, que entran o que salen. Juntos pero cada uno a lo suyo. Como la vida misma. ¿Qué son los pueblos, ciudades, naciones o mundo sino este hotel con personas cerca y lejos las unas de las otras?
Para otro día hay anunciada una excursión a Caravaca. A mi señora le hace ilusión concurrir al evento por eso del jubileo. Ayer nos apuntamos, pero depende del cupo: si no se completan los veinticinco que piden para ir como mínimo, se anularía el viaje. Ya vamos catorce en la lista. Como hoy acude otro autobús de viajeros, seguro que se completa. Todo está medido y calculado.
Paseando ayer, vimos que en una sala del Casino jugaban al Bingo. La cantinela de los números lo delataba: “Cinco, veinte, treinta y dos…”. Nos asomamos y estaba lleno el local. Cada uno pendiente de su cartón y del número que decían. Cada jugador pone cincuenta céntimos en la jugada. Los que completan línea o bingo se reparten el bote.
Debe tener sus normas el juego. Si juegan cincuenta cartones, hay de fondo veinticinco euros en la jugada. El reparto lo desconozco, pero será tan simple como el mismo juego. Recuerdo que el año pasado, o hace ya dos, entramos a jugar. No sé si aquí o en Archena. El caso es que canté bingo y me dieron un “Vale” con derecho a una consumición gratis en el bar.
Tuvo su gracia: pregunté por las reglas del juego y los compañeros me miraron como a un bicho raro. Cuando canté “¡bingo!” no se lo podían creer. Alguien dijo que era la suerte del principiante.
Francisco Tomás Ortuño
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