22 julio 2017
Verano 17
Santana, las diez y media, en el comedor. Mamá y Lina bajaron al pueblo de compras. No digo a Misa porque hoy subiremos esta tarde al convento: por Santa Ana, hay un Concierto de piano en el atrio con cantos de una soprano.
Pascual acaba de salir para Valencia, con Fran e Isabel, a recoger a Toñi, que está una semana en una Casa de Retiro. Hoy con los móviles no hay problemas de perderse en el camino; le dices a dónde quieres ir y el aparato te va guiando: “A la derecha”, “a la izquierda”, “sigue recto”, hasta que llegas.
Si vas a Madrid o a Roma, lo mismo. Antes había mapas de carreteras: “De Jumilla a Yecla”, “de Yecla a Caudete”, “de Caudete a Fuente la Higuera”, y así. No hay campo que no haya prosperado.
-O, mejor, que no haya cambiado, Arturo, que en algunos casos, mejor dejar lo que había que haberlo movido; sobre todo, para los mayores, que están hechos a lo que tienen, donde puedes aplicar el dicho de “Más vale malo conocido que bueno por conocer”.
-El campo de los inventos, Eufrasio, ha soltado el freno y se ha desenfrenado. Todo quieren cambiarlo los jóvenes. Lo de los padres ya es obsoleto y no digamos lo de los abuelos.
Miguel se baña en la piscina. Se ha levantado tarde porque anoche se acostó a las tres de la madrugada. Y es que si es noche estrellada viene con su amigo Noguera y se suben al picacho con el telescopio a ver más cerca la Estrella Polar. Desde que es figura destacada en Astronomía, sale en Revistas y vende por cientos su Juego de Mesier, sueña con las galaxias.
Noguera sigue a su amigo del alma, que comparte sus aficiones, como al maestro sabio que había buscado toda su vida.
Segundo tiempo del mismo partido: Son las cinco afternoon. Quede para la historia familiar que hoy, 22 de julio, sábado, a la hora mencionada ut supra, se están bañando en la piscina Miguel Ángel, Alba, María José mamá y Miguel papá. Se ve que lo pasan bien porque los frailes del convento han llamado para rogar silencio, que van a rezar su hora sexta de todos los días.
Y otra noticia de hoy es que Ángel ha llegado a la tierra de Cantinflas. Tampoco sabría decirte con exactitud dónde ha sido el aterrizaje, si por el norte, por el sur, por el este o el oeste. Y menos el tiempo que le ha llevado el vuelo. Incógnitas que iremos despejando con el tiempo.
Pienso que estos aviones irán preparados para no repostar en el camino, que islas en el Atlántico no hay muchas de costa a costa. El piloto de turno dirá en Barajas: “Pasajeros: ¡preparados, listos, ya!” y empezará a rezar. Una ligera sonrisa aflorará en sus labios cuando piense: “Agárrense a la brocha que me llevo la escalera”.
Tendrán que ir dos o tres pilotos para volar treinta horas sin parar. Luego me lo aclaras, Ángel, que a mí estas cuestiones me preocupan y hasta ocupan en mis ratos soflameros. ¿A qué hora saliste de Madrid? ¿A qué hora llegaste a Méjico? ¿Dormiste en el avión? ¿Llegaste de día o de noche? ¿Llegaste antes de salir de Madrid?
Cuánto tienes que contarme, hijo. ¿Llevan los mejicanos dos puntas de bigote como don Mario en sus películas? ¿Hablan como Cantinflas? Peor sería que hablaran en japonés. ¿Allí se dice Méjico o Mexico? Luego te haré más preguntas. Un abrazo.
Francisco Tomás Ortuño
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