3 julio 2017
Santana, las doce y diez, en el salón grande que da a la terraza. Sara quiere subir a la mesa camilla, donde escribo. Quede para la historia familiar que hoy, a las nueve, vinieron de Murcia Pascual, Toñi, Jaime, Pablo y Fran. Se quedaron los hijos y los papás siguieron su viaje a Valencia.
-¿A pasar unos días con Ángel en la playa?
-Frío, frío; si fueran a la Malvarrosa, irían con los hijos. Tienen cita en un Colegio Mayor, para que luego, en septiembre, vaya Gabriel a estudiar la carrera que ha elegido.
-Ah, ah, ah, esas son palabras de alto calado.
-Quiero recordar que Ángel iba a ir también cuando empezaba estudios de carrera. Y por motivos que surgieran, o espúreos, cambió de parecer.
-El Destino, Bladimiro, el Destino. ¿Tú crees que si va al Colegio Mayor se hubiera casado con Ana? Era su Destino, que lo llevaba de la mano. Se probó a que fuera al Colegio Mayor, pero “algo” o “Alguien” le empujó para que fuera a una casa de estudiantes.
-¿Tú crees?
-Repito lo que dije ya de mí: “Dios tenía en mente que Raquel, Lina, Laura y Ana tenían que nacer. Este pensamiento divino no podía cambiar. Luego Ángel tenía que conocer a Ana. Cuando fue a trabajar a Hungría, dijo Ángel: “Vendrá Ana a despedirse”. “¿Quién es Ana?, pregunté yo intrigado. Era la primera vez que oía este nombre en la familia. “Una amiga”, siguió él. Eran sin duda los primeros pasos, necesarios pasos, de la cadena, que el Destino proporcionaba.
Y a Gabriel iremos viendo lo que le aguarda. Como solo lo sabremos a posteriori, a toro pasado, estaremos expectantes, pendientes, para conocer los movimientos que vaya ofreciendo.
Pablo, Jaime y Fran se bañan en la piscina. Sus gritos me recuerdan otros años, cuando mis hijos jugaban con los vecinos.
-¿Contamos lo de ayer?
-¿A qué te refieres, Ludovico?
-Partió Lina a media tarde con su coche a Murcia. Quedamos solos en la casa mamá y yo. Y fue entonces que llegaron sobrinos de Murcia: Mariano, su hijo Pablo y dos nietas; Lina y Ana, con su hijo Claudio; Pepe y Amós. Sobrinos de Alicante; Juanita y su marido Cristóbal; sobrinos de Jumilla: Lina con su marido Pedro y su madre Juana… No sé si me dejo alguno, ah sí, también vino Pedro con su hijo Miguel, marido e hijo respectivamente de la sobrina Isabel.
-¿Y a qué vinieron?
-Me oirían decir que es bueno que la familia se visite y dirían: “Vamos a su casa, que nos recibirá como a los propios ángeles”. Y así fue. Yo no recordaba ver la terraza tan al completo de primos y sobrinos como ayer. Como traían merienda y bebidas para tomar, pasamos un rato delicioso. Les pedí que se repita más a menudo. Pero no por las razones que motivaron este encuentro.
-¿Cuál fue el motivo de la reunión?
-La inhumación de unas cenizas recientes muy queridas por todos.
-No sigas, que ya sé a qué cenizas te refieres.
-Mariano se reveló como figura del cante flamenco y de fandangos; y su hijo Pablo le acompañaba a la guitarra. Sus padres en el Cielo estarían muy felices.
Francisco Tomás Ortuño
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