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De talleres y campamentos.

1 julio 2017, sábado, San Simeón

Sigo contando : de talleres y campamentos –de ayer-.

Murcia aún, las once y media, en el estudio Balart. Digo aún –adverbio de tiempo- porque esta tarde queremos salir pitando para Santana. Ya ha llamado “Calasanz” que el Skoda está arreglado.
     -¿Qué le pasaba al coche?
     -Nos dejó en la carretera la semana pasada y tuvo que ir por él una grúa. Dice el taller que el embrague estaba roto. El caso es que hará menos de un año que tuvo el mismo constipado, y “Talleres Justo”, por Inacua, me sacó setecientos euros por otro embrague, que es el que se ha roto.
     Ahora “Talleres Calasanz” me dice que el nuevo va a costar quinientos. ¿Tú cómo te explicas el asunto? ¿Será mejor el que se ha roto y por eso me cobraron más? ¿O será que hay libre mercado y cada cual pide una cosa por lo mismo? Yo pienso en la honradez del trabajador y pago religiosamente lo que me piden, pero las dudas me asaltan: “¿Por qué un embrague aquí quinientos y setecientos más allá?”. Mis dudas van más lejos: “¿Será nuevo el embrague que han puesto o pieza adquirida en un cementerio de coches?”. “Si el primero me ha durado un año, ¿qué me va a durar el nuevo?”.
     Conclusión: Que en los Colegios se debía enseñar Mecánica como se enseña Geografía o Aritmética. De todo hay que saber para andar por el mundo. Un amigo inspector me dijo una vez que si se le rompía el motor del coche, lo llevaba a un taller; que él no tenía por qué saber de mecánica. Y veo que estaba equivocado. “Amigo don Ginés, hay que saber de todo, si no quieres que te la den con queso”.

     Mis nietos por estas fechas solo hablan de campamentos. Unos van a la sierra, otros al mar. ¡Cómo gozan los críos con tiendas de lona, con cantos y marchas! Nosotros también fuimos a los nuestros con camisa azul y el yugo y las flechas en el pecho: -Prietas las filas, recias, marciales…-. Era lo mismo. Los futuros Maestros debían hacer antes un Curso de Instructores Elementales del Frente de juventudes. Mi promoción fue al Valle de los Caídos, del Escorial, el año mil novecientos cincuenta. Conservo fotos al pie de la Cruz a medio hacer.
     Por estos conocimientos de la Instrucción -¡Derecha, ar!, ¡Izquierda, ar!, ¡De frente, ar!, ¡Media vuelta, ar!, etc.- me nombraron Sargento para los meses que duró mi Servicio Militar en Carraclaca de Lorca, como “Excedente de Cupo”. Como con los viajes, sabía que pronto iban a proliferar los Campamentos; los niños sueñan con ellos y proporcionan fuerza y bienestar con su vida comunitaria y disciplina lejos de la familia.

                                           Francisco Tomás Ortuño

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