15 julio 2017
Verano 17
Santana, las doce y media, en la jaula. Mamá habla con Lina por teléfono. Lina está en Murcia. Anoche dijo que iba a venir, y luego pensó otra cosa. Ahora ha llamado Francis, espero que no haga lo mismo. La piscina en Santana es un reclamo para los hijos y los nietos. La verdad es que en verano todo se conmueve: unos suben y otros bajan; estos para acá y aquellos para allá. El caso es no estar quietos.
Anoche, ya tarde, llegaron Miguel, Mª José, Alba, Miguel Ángel y Nala. Nala es la mascota, que eso viste aunque dé trabajo. Cenaron y siguieron para Valencia. Ángel los esperaba. Hoy con los móviles se está comunicado a todas horas, y estés donde estés: “Voy para allá”, dice uno. “Te espero”, le contesta el otro. El tiempo de los viajes aún es largo; yo creo que pronto será decir y hacer a un tiempo, como el móvil, o sea, confundir el pensamiento con la acción.
Se fueron todos menos Nala, el perro. Otros lo abandonan en la carretera; pobres animales. Por miles se cuentan las mascotas abandonadas en verano. En casa se aguantan; en los viajes son un estorbo. Miguel, María José, Alba y Miguel Ángel tienen esta casa donde dejarla hasta que vuelvan; otros no tienen tanta suerte.
Me gustaría saber lo que piensa Sara, la gata, cuando viene Nala, la perra, a quedarse. Un día la van a tener peor que en el Congreso cuando discuten Rajoy y el señor Iglesias; o los catalanes y el resto: “Vosotros no sois más que los riojanos, los extremeños o los murcianos”, dicen unos. “Nosotros somos otra casta”, quiere Puig Demont, con su cara de simio.
Yo no respondo de la mascota. Recuerdo que una vez tuvimos que salir de viaje nosotros y dejamos a los vecinos el cuidado de unas gallinas: “Solo echarles la comida de este saco”, les dijimos. Uno, pienso que de broma, dijo: “Esperemos que no venga la zorra”. Todo quedó olvidado hasta que volvimos. Había plumas por el suelo y el de la broma la terminó: “Pues vino la zorra”. No pudimos hacer nada por recuperar cinco ejemplares preciosos de gallinas, criados con esmero por la dueña, y un gallo grande como un águila real.
Cambiando de tema o asunto, diré que hoy he recibido un Correo muy… ¿cómo llamarlo? ¿curioso?, ¿interesante? Decía: “Hola, Francisco, he sabido por un blog con escritos tuyos que tenemos el mismo bisabuelo: don José Loncán Mur. Era Teniente de la Guardia Civil y en casa lo tenemos en una foto grande con largas barbas blancas como tú dices...”. Le he contestado que me alegro mucho y que espero que nos conozcamos luego. Le cuento lo que sé de mi familia Loncán y espero que ella me cuente el resto.
Francisco Tomás Ortuño
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