9 julio 2017
Verano 17
Santana, las diez, en el comedor. Ambiente familiar en casa: la piscina se está llenando, Miguel barre escaleras con el “soplador”, las mujeres chicolean en la fuente, Miguel Ángel se despierta y yo en mi “paritorio”.
Probé ocupar el antimoscas, pero encontré unos obstáculos -Sara, huyendo de Nala, ocupaba mi mesa, el ruido de la escoba mecánica era de muchos decibelios, las voces de las tertulianas eran fuertes, y otros etcéteras-, que me echaron para arriba.
Yo en estos casos, sin decir ni mu, busco otra opción y la persigo. Y aquí he recalado a la sombra, sin ruidos colaterales y esperando que haya presas en el horno, que sacar.
Ayer hablé de las madrastras y las puse de chupa de dómine y de malvadas superlativas. Quizás me pasara, que en las mujeres hay diferencias enormes como en todo: de cero a cien, las hay de cinco y de noventa, por decir algo, que los extremos son difíciles de alcanzar; ni cero, como de extrema perversidad; ni cien, que corresponde a los ángeles de la corte celestial. Pero así y todo, muy dispares en sus trabajos y pensamientos.
Mi madre, la pobre, tuvo mala suerte con su madrastra. Tuvo que ser esta de las de baja puntuación. No le doy cero por ser mujer y tener que albergar algunos sentimientos positivos por ser persona, pero muy baja.
Con decir que en el patio de la casa había un aljibe y la asomaba para asustarla, diciendo: “¡Que te tiro, que te tiro!”. Estas impresiones marcan lo suyo en los niños para toda la vida. Todo influye en los primeros años, pero algunos recuerdos son indelebles.
Del segundo matrimonio de mi abuelo José María nacieron mi tío Manuel y mi tía Asunción, recientemente fallecida. Mi madre fue para ellos, como confesaran luego, como su propia madre. Y es que mi madre era un ángel, se acercaba más al cien en la escala de valores, que al noventa y cinco.
¿Cómo puede haber tanta diferencia entre dos personas? Mi mujer es como era mi madre; pienso que es cosa de buscar entre las posibles y de tener suerte. Tanto ellas como ellos. Gabriel y Galán, poeta, dijo en uno de sus poemas: “Busqué una mujer como mi madre, entre las hijas de mi hidalga tierra”. Cuestión de buscar y encontrar. No siempre se tiene suerte pero hay más probabilidades si se busca.
Don José María Gabriel y Galán, poeta español, nació en Frades de la Sierra –Salamanca- en 1870 y murió en un pueblo de Cáceres en 1905. Exalta el campo en sus versos y a sus gentes, con un estilo claro y sencillo lleno de musicalidad.
Francisco Tomás Ortuño
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