23 julio 2017
Verano 17
Santana, las once, en la jaula, con Sara de compañía en media mesa. Parece que hemos llegado a un acuerdo, a un entendimiento, sin discutir. Se ha impuesto la razón a los sentimientos. Hasta los animales se dan cuenta de que es mejor la paz razonada, consensuada, que la guerra sin sentido.
El mundo sería una balsa de aceite si aplicara en sus actuaciones esta regla tan sencilla. Con tiempo, sin precipitación, la razón se impone sobre la sinrazón. Si los litigantes se detienen a tiempo y dejan que la inteligencia hable, la cuestión se resuelve sola.
Como hemos hecho mi gata y yo. Si quería ocupar la mesa entera, ha visto, sin discutir, que no llevaba razón, que lo razonable era no molestarnos y ocupar media mesa cada uno. Sara duerme plácidamente y sabe que yo no la molestaré.
Somos egoístas natos. El niño debe aprender que todo no es suyo, que todo no le pertenece, y que debe dar lo que no le corresponde retener. O sea, debe pasar del yo al tú y al nosotros. Ver la vida como un equipo, donde cada jugador forma parte del juego por igual.
De “esto es mío” a “esto es nuestro” hay un paso importantísimo en la educación personal. Es transformar la soberbia en humildad; los brotes de egoísmo que aparecen, más o menos disfrazados, más o menos violentos, hay que atajarlos sin miedo para que no prosperen.
-¿Hubo Concierto anoche en el atrio del Convento?
-Efectivamente, Mauricio. No diremos que con lleno hasta la bandera, pero sí con más de media entrada. El pianista Pedro Valero nos deleitó con la “Suite Santa Ana”, del maestro y paisano don Julián Santos. Y luego acompañó a la soprano Cristina Toledo en obras de Puccini, Rossini y Gounod.
La noche era espléndida aunque un pelín ventosa. Duró el festival de las nueve y media a las once. La Abuela Santa Ana, presidiendo con la hija y el nieto en sus brazos, estaba feliz y orgullosa sabiendo que por ella se celebraba la fiesta.
Yo la observaba y vi que se dormía entre los gorgoritos de Cristina. Un fraile la tuvo que llamar dos veces para no dar la nota. Pero bien, todo bien, con aplausos para los artistas y petición de repetir al final, aunque fuera por cortesía.
La desbandada fue rápida. Los coches se fueron yendo a la carrera, y, en menos que se dice, los frailes se quedaron más solos que la una.
-O no, que quedarían pianista, soprano y personal encargado de recoger las sillas.
-Y los frailes, que viven en el Convento, que los llevarían a dormir en celdas libres.
-¿Dormiría la soprano con San Pascual Bailón?
Francisco Tomás Ortuño
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