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A don José Lozano, canónigo. Méjico.

19 julio 2017

Verano 17

     Santana, santanera, de estas sierras la primera, en invierno y en verano, en otoño y primavera. Son las doce y cuarto y escribo en el salón, junto a la terraza grande. Al fondo la piscina, llena, esperando la tarde para el baño y el yacusi que descubrí ayer.
     Ayer fue, o, mejor, era, un día importante en la Historia de España, hasta hace unos años. ¡Cómo nos olvidamos de lo que no queremos recordar! Hay en nosotros una memoria selectiva que olvida lo que no interesa.
     El 18 de julio, tan importante en los años de mi infancia y de mi juventud, ya no es lo que era. Pasó la jornada hasta sin una mención. Y la primera mitad de mi vida -40 años-, el 18 de julio era Fiesta Nacional y se cantaba el Cara al Sol en todos los pueblos de España.
     -¿Por qué no le dedicas hoy un recuerdo a Franco, tan denostado por todos los partidos de la Democracia?
     -Dices bien, Eladio, que la ocasión es grande: Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado Español del año 1939 a 1975 del siglo pasado, nació en el Ferrol –luego del Caudillo por él- en 1892 y murió en Madrid en 1975. Ingresó muy joven en la Academia Militar de Toledo y se distinguió más tarde en la Guerra de África. Por méritos de guerra, fue ascendido a Teniente General en 1926 con Alfonso XIII. Desde 1928 dirigió la Academia militar de Zaragoza hasta su clausura, en 1931.
     El 18 de julio de 1936 acaudilló el Alzamiento Nacional, y el 1 de octubre de ese mismo año, fue nombrado en Burgos Generalísimo de las fuerzas de tierra, mar y aire y exaltado a la Jefatura del Estado.
     Terminada la Guerra Civil, logró mantener a España fuera de la Segunda Guerra Mundial -1939 a 1945-. En 1947, por Referéndum, fue confirmado como Jefe del Estado Español.
     Esa es la historia, Eladio, y a cada uno hay que dar lo que es suyo. Que te guste más o que te guste menos, la figura de Franco se mantuvo firme hasta que Arias Navarro, con voz quebrada, dijo en 1975 aquello de: “Españoles, Franco ha muerto”.
     Nadie le hizo sombra a pesar de su baja estatura-. Luego los republicanos, vencidos, no supieron cómo esconder cuanto hizo en vida y hasta sus restos del Valle de los Caídos después de muerto. Figura histórica sin duda.
     Como yo nací el año 1933, puedo contar lo que recuerdo de los años de Franco. Empiezan mis vivencias cuando acaba la Guerra en el año 39. Gritos por la calle de “¡La Guerra ha terminado!”. Aquel primero de abril tuvo que ser muy importante en España. Yo inicié mi Curso Escolar justo entonces. Luego ingresé en el Colegio de Enseñanza Media “San Francisco de Asís” donde hice el bachillerato; estudié Magisterio, etc., etc. sin pensar si gobernaba Juan o gobernaba Pedro. La clave era estudiar lo que correspondía y punto. Que había clases sociales, claro que las había; que estudiaban los ricos, claro que estudiaban los ricos –el barón, los hijos de doña Dolores…-; pero había excepciones que se colaban por hache o por be.
     Mi padre, el pobre, sufrió más con sus ideas, pero sobrevivió y sacó a sus hijos adelante. Un abrazo, padre: fuiste un luchador que hiciste lo que pudiste hacer desde muy joven. Del campo al Banco; de prisión a los cofines de Lifante; de empresario a vinatero… Te levantabas y te tiraban de nuevo… Hasta que los años te pudieron. Yo te nombro “Luchador del siglo” por méritos propios.

                                             Francisco Tomás Ortuño

20 julio 2017

Verano 17

     Santana, las once, en el salón. Ya fuimos a Jumilla, mamá oyó su Misa en el Salvador y luego hizo compras en la tienda de Lina. Hoy la noticia que ha lanzado el cura a sus feligreses es que ha muerto don José Lozano Pérez, Canónigo de la Catedral de Murcia.
     Si te digo la verdad, yo no sé cómo se asciende en la Iglesia al cargo de Canónigo, si por méritos, por oposición o a dedo. Pero don José Lozano ya tiempo que ostenta ese cargo en la Catedral de Murcia.
     Sus paisanos lo saludaban con reverencia. “Es Canónigo”, decían luego Otros lo tuteaban como amigos de toda la vida: “¡Hola, Pepe!, ¿qué tal?”. Y hasta algunos, muy pocos, contados, le decían Pepito.
     Por mi parte, te aseguro que estudiamos en el mismo Colegio de Enseñanza Media “San Francisco de Asís” de Jumilla. Él iba en tercero cuando yo en primero. Me acuerdo de los compañeros de este Colegio y del Curso que estudiaba cada uno.
     Así, por la misma regla de tres, sé los años que ellos tienen. José Lozano Pérez era hijo de don Rafael Lozano, médico. Cuando yo entré en Primer Curso, él hacía Tercero. O sea que hoy tendría 86 años. El tiempo pasa igual para todos.
     Así te podría decir que Pedro Azuar, hoy sacerdote, iba en Sexto Curso cuando yo estudiaba Primero. O que Salvador Ripoll, hoy médico, iba también en Sexto Curso y que era por tanto y sigue siendo cinco años mayor que yo.
     Don Máximo era el profesor de Latín para todos los Cursos, de Primero a Séptimo. No sé por qué a mí me quería mucho. Te lo habré dicho. Me lo demostró en muchas ocasiones. Una de ellas fue cuando nos nombró a Pepe Lozano y a mí “Miembros del Claustro de Profesores en representación de los Alumnos del Colegio”. Yo iba en Tercero y Pepe Lozano en Quinto Curso.
     ¿Quién podía pensar en aquellos años de Dictadura –entre cuarenta y cincuenta- que los alumnos opinaran en un Claustro de Profesores? Don Máximo fue sin duda un adelantado a su tiempo en cuestiones pedagógicas.
     Pepe Lozano tenía un hermano, Jesús Lozano Pérez, que iba en un Curso inferior al mío. Tenía el pelo de la cabeza áspero y duro como un cepillo de fregar suelos. Era serio, estudioso y formal. Compañeros suyos eran Miguel Román, Eustaquio Lozano y Recaredo Jiménez entre otros. Luego se casó con Remedios Palencia, compañera suya, y estudió la carrera de Medicina.
     Un día fui a su consulta de visita, en Alicante, y le pasé la mano por su cabeza a ver si conservaba el pelo de su infancia. Recordamos con bromas a otros compañeros de “San Francisco”.
     Y volviendo a don José Lozano Pérez, Canónigo hasta ayer, ¿quién pudiera hablar una vez más contigo para saber cómo es el paso de la vida nuestra al más allá. Con que me dijeras que efectivamente hay otra vida, me conformaba. ¿O es un secreto de quien nos creó? Quizás sea mejor descubrirlo en su momento justo, cuando cada uno abra la puerta para no salir.

                                             Francisco Tomás Ortuño 

21 julio 2017

Verano 17

     Santana, las doce de la mañana, en el comedor. La noticia estrella de hoy es que Ángel se vuelve a las Américas. Pero, Ángel, ¿cuándo vas a sentar las posaderas? Sé que naciste nervioso y que no podías parar ni dejar tranquilos a tus hermanos y amigos, pero no esperaba tanto: que si Irlanda, Hungría, Panamá, Guatemala, El Salvador, Chile… ahora Méjico; hombre, yo creo que te has pasado.
     Te aconsejé que una vez casado, la familia contigo a donde fueras, pero ¿quién puede seguir ese ritmo? Como sé, porque te conozco más que nadie, que vas a ir a Méjico –tu madre esta noche  no ha dormido pensando que cruzabas el ancho mar por encima de las Azores-, voy a informarte en la medida que pueda, para que sepas algo de este país cuando llegues:

    México es un estado de América, que limita con los Estados Unidos al norte; con el mar Caribe y el Golfo de Méjico al este; y con el Ócéano Pacífico al oeste. Su extensión es de casi dos millones de kilómetros cuadrados –cuatro veces España-. Su población es de más de sesenta millones de habitantes. Su lengua, por suerte para ti, es el español, y su religión la católica.
     La fiesta nacional de Méjico se celebra el 16 de septiembre, por su independencia en el año 1810. Posee varias islas como Cedros, Ángel de la Guardia y Tiburón. El país es un altiplano,  como Jumilla y Yecla en la Región de Murcia, de 2.000 metros de altitud media, siendo Sierra Madre los montes más importante en su orografía. Al sur se encuentran los picos más elevados, con volcanes como el Totocatepelt, a 5.450 metros.
     Se distinguen tres zonas climáticas: Tierras calientes del litoral y la península de Yucatán, al oeste, con temperaturas elevadas –media anual de 22 grados centígrados-; Tierras templadas, que abarcan la mayor parte del país –entre 15 y 20 grados-; y Tierras frías en las regiones más altas –con temperatura media inferior a los 15 grados.
     La educación primaria es obligatoria hasta los quince años. Funcionan 32 Universidades autónomas, cuatro de ellas incorporadas a la Universidad Nacional de México –UNAM, no UCAM, Lina-. Creo que te he dicho antes que son católicos en su mayoría los mejicanos -79%; el resto son protestantes y paganos-. Se rige el país por la Constitución de 1917, con algunas enmiendas posteriores.
     El poder legislativo lo ejerce el Congreso, que consta de dos Cámaras: Cámara de Diputados (210 miembros elegidos para tres años) y Cámara de Senadores (60 miembros elegidos por seis años). El Poder Ejecutivo recae en el Presidente de la República, elegido por votación popular cada seis años.
     La capital de la nación es la ciudad de México, con diez millones de habitantes. Otras ciudades importantes son Guadalajara, Monterrey, Puebla, Ciudad Juárez, Mérida, Tijuana y otras. La agricultura ha experimentado un notable desarrollo. Se procede a la mecanización del campo, en el que, hasta hace poco, prevalecían métodos muy primitivos.
     Bueno, Ángel, podría contarte más cosas, pero espero a que tú me las preguntes. Un abrazo de tu padre.

                                             Francisco Tomás Ortuño

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