16 julio 2017
Verano 17
Santana, las diez, en la jaula, con Sara de compañía, encima de la mesa, compartiéndola conmigo. Hoy, por razones obvias, Sofía lleva de paseo a Nala y no quiere encontrarse con su enemiga. ¿Es cuestión territorial o de especie por lo que no se quieren? El gato era dueño de un territorio hasta que vino la perra y dijo: “¡Aquí mando yo”! Lo cual produjo en la gata desazón y se puso a la defensiva. Esa podría ser una razón. O que los gatos y los perros, como el agua y el aceite, juntos ni atados. Y al tener que convivir en la casa, no se pierden de vista esperando la ocasión de demostrar quién puede más.
Yo creo que mi gata no duerme ni de noche con Nala en la casa. Al menor susurro, surte y abre los ojos. ¿Qué sentirá en su interior? ¿Qué pensará? ¿Dónde estará el límite de su pensamiento razonable para pasar a sentir sin razonar? Tiene que haber una raya que separe lo que piensa y lo que siente. El pensamiento del sentimiento. ¡Cómo me gustaría descubrir ese límite en el gato con el perro o viceversa!
Pero es que los grillos obran lo mismo. Si te acercas, ellos se callan. ¿Pensarán que está en peligro su vida? Si se sienten solos, cantan “a pleno pulmón”. Si notan que te acercas, guardan silencio. ¿Hasta dónde llega su razón? Será limitada, corta, pero la tendrán. ¿No somos nosotros como estos animales que tenemos cerca? ¿Quién ha creado el mar y los astros? Alguien tuvo que ser que llamamos Dios por llamarlo de algún modo; pero, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿por qué? y ¿para qué? Ahí no llegamos. Tuvo que ser… Debió de ser… Hemos llegado al fin de nuestro entendimiento. Se hace la niebla y solo podemos fantasear.
Junto a la piscina hay pinos y cipreses que dan sombra a los bañistas y no dejan ver a los que viven abajo. Uno de los pinos tenía una rama horizontal que no dejaba crecer a un ciprés. Ayer quizás que fuera un día histórico en la vida de este chalet. Francis acudió en ayuda del débil ciprés acosado por la rama poderosa del pino. Con dos tajos de sierra cortó la rama orgullosa y dejó en libertad al ciprés o abeto que estaba a punto de perecer.
¡Quién pudiera hacer lo mismo en muchas ocasiones de la vida! Porque hay veces que perecen seres injustamente por poderosos que les impiden vivir, o a costa de ellos como vampiros que chupan su sangre. El mundo necesita de leyes para vivir en paz; pero leyes severas que obliguen a rajatabla su cumplimiento, y si no obedecen a la Ley, hacer como ha hecho Francis con la rama del pino usurpador: ¡Zas!, ¡zas! y fuera.
Francisco Tomás Ortuño
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