Ir al contenido principal

Ventas a domicilio

3 marzo 2017

Sigo contando… Ventas a domicilio

Murcia, viernes, la una y media. Acabamos de despedir a Vanesa y a Marcos. ¿Qué quiénes son Vanesa y Marcos? No tenemos remedio: vendedores a domicilio. Antes nos llamaban al Hotel Amistad o al Siete Coronas. Ahora vienen a tu casa a venderte lo que llevan en un Catálogo. Eso sí, lo hacen muy bien: sus pasos, su porte, y cada palabra están medidos para el fin que se proponen, la venta de un producto. No hay más finalidad que esa: vender.

Y para vender tienen que convencerte de la calidad de lo que venden, tienen que saber tus gustos y conocer tus Cuentas bancarias. Pues pasan por todos y cada uno de los pasos con maestría insuperable. Yo creo que te sugestionan. ¿O habrá algo más que sugestión? Si nos dieran algo de beber, pensaría que nos daban algún brebaje para perder la voluntad y quedar a merced de la suya. Es algo que debe tener su nombre, porque al final pides la nota para firmarla.

Si llevan diez artículos para vender, te cuentan sus virtudes minuciosamente, uno por uno, sin defecto alguno. Todo es lo mejor del mercado y necesario de toda necesidad para la vida. Luego te piden que escojas tres de ellos que creas más necesarios en tu vida.  Uno no sabe qué elegir, te quedarías con todos. Por fin te decides: la cinta para andar sin salir de casa; la máquina que te quita los dolores del cuerpo, y el aparato que limpia de impurezas el agua del grifo.

Te hablan nuevamente de estos productos como si fueras un sabio que ha sabido elegir lo mejor; te dicen sin cesar tu nombre y que tienes gustos exquisitos; y ya no queda sino pedirte el Banco donde cargar el importe de los tres artículos. Ah, y tu firma de que estás conforme. Solo son treinta y seis letras de ochenta y dos euros. La venta está hecha. Con poco más se despiden y se marchan por donde vinieron. “Dentro de unos días recibirán en casa lo que acaban de comprar”, te dicen con una sonrisa de oreja a oreja.


Francisco Tomás Ortuño

Comentarios

Entradas populares de este blog

De gitanos.

28 agosto 2017 : Lunes, San Agustín Verano 17 : De gitanos       Santana, las doce y cuarto, en el comedor. Hoy el sol no da la cara tampoco; el cielo está cubierto de norte a sur y de este a oeste, pero de llover ni una gota. Lo que sí hace es viento, un viento –aire en movimiento- que no cesa; iba a decir huracanado. El molino de la terraza tiene trabajo.       El castrador de pinos -¿he dicho una barbaridad?- acaba de llamar para decir que con este tiempo no subirá esta tarde a cortar las ramas que sobran a los pinos. “Pues muy bien que me parece –le he dicho-; cuando Eolo se duerma, vienes con la sierra”.      Ayer me dijo un buen amigo, por Correo electrónico, que un gitano exclamó: “Señor, no te pido que me des; solo que me pongas donde haya”.       -Los gitanos son gente especial, sin duda, y ellos lo saben.       -¿De dónde proceden? ...

Médicos.

8 febrero 18 : jueves, 39-326, San Emiliano, “La felicidad no es la ausencia de problemas, sino la habilidad de resolverlos”. S.M. Invierno´18 : Médicos      Murcia, las siete menos diez, en mi estudio pianístico. La mujer que limpia, ucraniana ella, se acerca a la puerta de salida. Significa que pronto habrá acabado su faena. Empieza por aquí y acaba por allá; y en el camino limpia habitaciones, baño, salón comedor, cocina y lo que va encontrando. Todo requiere un orden y ella lo sabe. Nada que objetar.      Yo esta tarde visité al endocrino. Visita concertada hace unos meses. Por octubre sería. Me ha cambiado unos comprimidos –eucreas por galvus-, él sabrá por qué. ¿Se lo habrá sugerido mi analítica? Para los médicos, un análisis le dice nuestro estado. ¿Qué harían sin él? Antes era otra cosa: “¿Qué le duele?”. “Tome este jarabe”. Ahora es más fácil.      Te lo contaría: Hace unos años visit...

Túnez.

9 febrero 2018  : San Miguel Febres Pensamiento : “Niños que juegan: fuegos artificiales”. F.T.O. Invierno´18  : Túnez       Murcia, las doce menos cuarto, en mi mesa redonda junto al piano. Solo en casa. Cuando supe que era tunecino sentí curiosidad por conocerlo. Y es que yo hablaba de inmigrantes por los nombres genéricos de negros, magrebíes o latinoamericanos, fueran unos de Sudán, de Etiopía o de Mozambique; fueran otros libios, marroquíes o argelinos; o fueran los últimos colombianos, ecuatorianos o chilenos. Para mí, de forma general, todos eran de los unos o de los otros: o negros, o magrebíes o latinoamericanos.       ¡Cómo se reirían ellos cuando comentaran nuestro despiste! “Mauritania no existe para los españoles”, dirían por carta a    familiares o amigos de su país. Como los negros cuando hablaran con otros compatriotas: “En España no cuenta ser de Tanzania, de Gabón, de Kenia o de Angola; a...