27 marzo 2017, miércoles, San Victoriano, 88 por 277
Sigo contando… Supermercados
Seguimos luego a Mercadona y llenamos el carro. “Vamos a comprar galletas”, pero luego con las galletas se compran otras cosas: pescado, café, carne, fruta…
-Yo a los que van de compra al supermercado, Cipriano, le aconsejaría llevar una lista con lo que quiere comprar, y el compromiso firme de no pasarse. Sé que la tentación es grande, porque viendo allí los productos tan a la mano, cuesta pasar sin cogerlos. Eso lo saben bien los que venden y prueban a que te resbales y caigas.
-¿Cómo van a poner jaboncillo donde patines, Baldomero?
-Hablo metafóricamente, Cipriano. Los que venden buscan que tú compres, y usan de tretas para que caigas en la trampa. Si quieren vender melones no los van a poner en la trastienda, escondidos, donde no los vean. Los ponen a la vista del público donde te puedas tropezar con ellos. “¡Ah, melones!”, dicen entonces. Y melón al carro.
-Estos supermercados venden de todo lo habido y por haber. Tienen, por lo visto, libertad para vender desde zapatos a bicicletas. Como espacio no les falta… Aquí una cosa y allí otra. Ya no es como fuera: carne en las carnicerías, pan en las panaderías y pescado en las pescaderías. Allí a lo bestia, como presumía uno de estos hipermercados: “Lo que quieras lo tenemos, desde un alfiler a un elefante”.
-¿No crees, Baldomero, que es una forma desleal de vender? ¿Qué pueden hacer las tiendas que hubo siempre sino cerrar y dedicarse a otra cosa?
-Creo que tienen otra solución, Cipriano.
-¿Cuál?
-Reunirse diez o doce tiendas en una y hacer ellos por su cuenta otro supermercado.
-Necesitarán ellos también un sitio donde poner sus tiendas juntas.
-Ellos buscarán la solución. La cabeza está para pensar y lo último será tirar la toalla. “Yo me uno al negocio unionista”, dirá el que vende coches. “Y yo”, dirá el que vende calabazas. “Unámonos todos en un macrocomercio, con restaurantes incluidos y hoteles para dormir, y habremos acabado con los supermercados que quieren acabar con nosotros”, dirá el de más allá. “Construyamos una ciudad nueva, distinta a la que tenemos, donde solo haya vendedores”, saltará eufótico Verenfrido, que estaba callado.
-¡Frena, frena tu fantasía, Baldomero, y deja las cosas como están. No quieras inventar otro mundo.
Francisco Tomás Ortuño
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