1 marzo 2017
Sigo contando…
-Murcia, la una del mediodía.
-No va a ser de la noche. Y no me digas dónde escribes, que no me importa. Que sea en el comedor o en un estudio u otro de la casa, me da lo mismo.
-Si no lo digo, ¿qué función dejo al lenguaje? Pues por darte gusto, hoy me lo quedo dentro del cuerpo, pero tú no lo sabrás nunca.
-Lo importante no es saber dónde pones el huevo sino qué clase de huevo pones; si es de avestruz o de paloma; si es grande o si es pequeño; si es importante o trivial.
-Pues no lo sé aún, Serapio. Dejaré que el boli escriba y luego te lo cuento.
-¿Cómo va a escribir el boli si tú no le dices lo que tiene que escribir? La cabeza dicta a la mano lo que ella no puede decir sin su ayuda.
-Las dos se necesitan. En la vida, todos somos necesarios: la mano para escribir, los pies para correr, la cabeza para pensar… ¿Tú podrías comer si no tuvieras boca? Todos nos necesitamos. En la sociedad es lo mismo. Uno solo no podría seguir viviendo. El albañil hace las casas, el panadero el pan, el zapatero los zapatos, y así todo. Somos una gran familia en la que todos se necesitan.
-¿Y por qué unos trabajan y otros no?
-Porque el trabajo está mal repartido. Todos deberían trabajar en algo. En el cuerpo vemos un ejemplo de Democracia bien organizada: cada órgano sirve al conjunto en una función que tiene asignada. Y todos son importantes y necesarios: la vista, el oído, el estómago… Y nadie sobra. No hay reyes y lacayos, criados y señores. Todos son igualmente necesarios para el común y todos se sienten orgullosos de su trabajo.
-Pues ya veo que has cumplido con tu deber impuesto de escribir.
-Quédate con que todos somos necesarios en la sociedad y que nadie es más que nadie si hace bien lo que tiene que hacer.
-Has dicho que el cuerpo humano es una democracia bien organizada. Podías haber dicho igual el cosmos o universo. Nada sobra y todo funciona bien para el conjunto. Si el Sol, la Tierra, la Luna o cualquier otro astro se durmieran, el desastre sería morrocotudo, descomunal.
-Es que unos cuerpos son naturales y otros artificiales, hechos por el hombre, y no son tan perfectos. Pero hay que procurar que se asemejen lo más posible.
-Lo de trabajar unos y otros que no trabajen debería corregirse.
Francisco Tomás Ortuño
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